A la mañana siguiente, me dolía un poco la cadera, llevábamos bastante tiempo sin hacerlo, por lo que no me extraña que ahora mismo mi cuerpo se sienta un poco adolorido, además lo hicimos en un auto, por lo que la posición no era precisamente la más cómoda. Lo bueno es que, al despertar sus brazos me generaban aquel calor que tanto extrañaba, además, como él estaba despierto, aprovechaba la situación para acariciarme mientras dormía. Por supuesto que era el momento perfecto para besarlo, de hecho, nos estábamos besando cuando escuché aquel “clic” de la puerta siendo abierta, seguido de un “¡Buenos días, papá!”. Yo obviamente me giré para ver a Luther, este siempre se para en un pequeño banquito con tal de llegar a la manilla de la puerta, luego me da los buenos días y corre hacia la ca

