Las promesas

1072 Palabras
Ojalá hubiera escuchado a Burbuja cuando quería enseñarme a interactuar con algunas cosas del mundo material, pero estaba demasiado concentrado en ir de una esquina a otra volando como un gavilán. En ese momento, dentro de la habitación, quería gritar y que el sonido retumbara en todo el pueblo. Pero era en vano. Por más que tratara de esforzarme para que me escucharan, no estábamos en la misma sintonía. - ¿Acaso piensas irte a Francia sin mí? – pregunté enojado antes de que Angélica me interrumpiera. - Allá tienes a mi hermana. Tienes que ir, continuar allá tu carrera, darte cuenta que la vida es muy corta como para seguir lamentándote. Abre tus ojos para disfrutar de nuevas posibilidades. Sé que lo que sentías por Mati era real. Pero tienes que dejarlo ir. Los doctores no dan ni siquiera un poco de esperanza y aunque su familia no quiera, la decisión más madura ya sabes cuál es… en el fondo sabes cuál es. Eres una mujer fuerte, que ha sabido sobrellevar varios obstáculos y sé… - Mamá, no sigas, por favor. Estoy dispuesta a irme. Sé que me vendría bien, pero también entiende que estoy en una situación demasiado difícil. Claro que quiero conocer Europa, y poder realizar mi carrera de gastronomía en un país así… pero, tengo la sensación de que aún hay algo que tengo que hacer aquí. No sé porque, pero siento a Mati más cerca que nunca. - ¡Porque estoy aquí! – grité, como un imbécil. - Entonces, si estás dispuesta, no esperes mucho tiempo para hacer tus sueños realidad. Entre más tiempo te quedes en Coliflor, más tardarás en olvidar todo lo que ha pasado. Es algo trágico, pero nadie tiene la culpa en esto. Sé que tomarás la mejor decisión. - Gracias madre, por tus palabras. Sé que a veces has sentido que soy un poco egoísta o difícil de tratar porque no me dejo hablar, pero de verdad valoro muchísimo lo que haces. Por favor, espérame al menos un año. Mi corazón aún aguarda la esperanza de que Mati despierte y pueda estar junto a él una vez más. - ¿Un año hija? - ¡Sí! ¿Un año Abi? – pregunté, indignado porque necesitaba mínimo cinco. - ¡Es mucho tiempo! – exclamó su mamá. Quedan seis meses para que se acabe el año. Si quieres entrar a una universidad, mínimo en enero ya deberías iniciar semestre. Lo siento Abril, pero sólo te puedo dar seis meses. Mi intención no es desanimarte ni nada por el estilo. Créeme que a la larga agradecerás lo que estoy haciendo por ti. Porque no hay nada peor que encontrarte en un lugar donde todo te recuerde a él. Así nunca podrás ser feliz. - Yo entiendo tu punto. Pero también déjame creer y soñar un poco. Aún así voy a aceptar tu trato. Si en seis meses mi novio no ha despertado, partiré hacia París sin dilación. Quedé estupefacto. No podía creer que esas palabras hubieran salido de la boca de mi amada. Hasta que uno no muere no ve la verdadera cara de algunas personas. Aún así estaba siendo muy egoísta con ella. Mi ilusión de despertar era latente, pero ¿Y si nunca volvía a la normalidad? ¿Y si me quedaba atrapado en el limbo por el resto de la eternidad? ¿Y si alguien me ayudaba a alcanzar la luz e irme hacia el otro mundo? Había demasiadas incógnitas en juego, pero en ese momento lo único que pasó por mi mente era la decepción que me llevaba por confiar en que mi novia me esperaría sin importar que. Tanto amor eterno jurado. Tantos momentos que nunca quise que se acabaran. Cuántos sacrificios no realicé para poder verla un día, un fin de semana. Tantas cosas que ahora sentía que habían sido en vano. ¿Y si despertaba y ella ya no se encontraba allí? ¿Sería capaz de devolverse para estar de nuevo a mi lado? O por otra parte ¿Se quedaría allí rehaciendo su vida? No quería ni pensarlo por un momento. Todo parecía una pesadilla. No sé que pasó en ese momento, pero un aura de enojo me rodeó por completo. Grité como nunca lo había hecho. Estaba poseído por la furia. Azoté varias veces mi mano contra las paredes, pero como era predecible, no pasó absolutamente nada. Puse un vaso que estaba encima de la mesa de noche entre ceja y ceja. Me concentré, con todo y la ira que sentía. Lo azoté con mis manos y logré hacer que se moviera un poco. No se calló, pero el movimiento fue suficiente para captar la atención de las dos mujeres en la habitación. Volví a entrar en razón y me calmé un poco. Ellas observaban el vaso. - ¿Tembló? – preguntó Angélica, le costaba soltar palabras de su boca. - No, lo hubiera sentido. - ¿Entonces qué fue eso? - No… no tengo idea. Las observé de nuevo antes de irme por la ventana. Estaba convencido que me esperaría… que nuestro amor superaría cualquier prueba. Ahora tenía que hallar la manera de estar de nuevo en la tierra en seis meses para evitar que se fuera. A pesar de todo, aún la quería. Aún deseaba estar a su lado. Debo aceptar que estoy siendo algo dramático. La situación no es como si estuviera diciendo que no me ama más. Simplemente se plantea la opción de irse por un tiempo, porque necesita superar toda la situación. Pero sigo indignado por tantas promesas que hicimos y ahora estábamos rompiendo. Aunque claro… culpa de ella no era. Regresé a una pequeña casa del árbol abandonada a las afueras de Coliflor. En ella quedaba con Burbuja para seguir con el entrenamiento. Quería llegar a dominar mi alma de la mejor manera para así comunicarme con mi familia. Apenas me divisó en el cielo, salió de su escondite. - ¡Hola Matías! – observó mi cara y siguió hablando. Vaya rostro me llevas hombre ¿Te hicieron algo? Ahora que lo pensaba, no me había cruzado con otra alma que no fuera Burbuja. Demasiado extraño, ya que me había advertido de los peligros que en ese mundo habitaban. - No, no ha pasado nada. - Mmmmm… está bien, entonces prepárate para aprender algo muy importante. - ¿A qué te refieres? - Te enseñaré a comunicarte con humanos.
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