Al salir del avión, se encuentran con un gran recibimiento, están presentes su familia, el personal Directivo de su escuela y hasta el Ministerio de Desarrollo Educativo del País.
Inician la celebración con el Nacional de India, el Jana-Gana-Mana, luego el Ministro de Educación dirige unas palabras de bienvenida y agradecimiento a Milet, a la Maestra Daya y al personal Directivo de la escuela. Al culminar la formalidad, Milet corre a los brazos de sus Padres y Hermanos. Mientras la maestra Daya, sostiene el trofeo.
—Mamá, Papá, hermanos, los extrañé muchísimo, que bueno volver a verles, me siento muy feliz de regresar a casa y más aún con el trofeo en mis manos—expresa Milet, de manera emotiva.
—Que felicidad volver a observarte, sentirte, olerte, escucharte, que alivió que regresaras sana y salva y yo nunca dudé de que así sería, ¡estuve seguro de que serías la ganadora! Y también sé que este es solo el primero de muchos. —comenta Mahdur.
—Mi niña, mi hija hermosa, ¡que satisfacción nos otorgas! Te amo tanto mi pequeña diamante —dice Nathascha, dejando correr unas cortas lágrimas de felicidad por sus mejillas. Y continúa.
—cuéntame, ¿cómo te fue? ¿Cómo te trataron? ¿Te gusto Brasil?
—Mamá, me fue muy bien, me trataron excelente, me encanto Brasil,me gustaría volver de visita y conocer más sitios turísticos; es un País tropical, muy colorido, hace brisa fresca, el clima es muy agradable, la gente es alegre, expresiva, bailan mucho, conversan, se ríen, la comida es muy sabrosa, todo bien, me vine muy agradada, y hasta hice un amigo. Se llama Thiago, un niño muy cariñoso, tuvo el detalle de regalarme unas flores y unos dulces por mi triunfo; yo fui hasta su casa a darle las gracias y a despedirme de él.
—Hija me contenta mucho, todo lo que me cuentas! Qué bonita experiencia —comenta Nathascha a su hija.
— Si, Madre, muy agradecida con la vida por esta oportunidad, agradecida con ustedes por educarme como lo han hecho, agradecida con la maestra Daya, inclusive agradecida con la Directora, que a pesar de mis comienzos en la escuela, los cuales no fueron los más adecuados, confío en mí y me brindo la ocasión de representar a esa prestigiosa institución—responde Milet a su Madre Nathascha. Y prosigue.
—Madre, estoy muy feliz, y cansada, tengo sueño, quiero ir a dormir.
—Está bien mi pequeña, ve a dormir; mañana tienes que ir a la escuela.
Madre e hija se despiden, con besos y abrazoz, Milet se va a dormir.
Al amanecer, ya Nathascha tiene el desayuno preparado y servido, ha preparado Uttapam de verduras con salsa roja y de bebida, infusión de frutas. Al admirar la mesa servida, Milet se alegra y le comenta a su Madre.
—Mamá, que especial eres, has preparado mi platillo favorito, ¡Qué rico! Gracias, que delicia, comer en casa, extrañe mucho tu sazón, el sabor y el aroma de tus sencillas y sabrosas recetas, para mi eres la mejor Chef del Mundo—le dice Milet a su Madre.
—Que bellas palabras, para mí es un gusto complacerte, si tú estás feliz, yo estoy feliz —le responde Nathascha.
Al culminar de comer, Milet se asea y se va de prisa a la escuela. Al llegar al recinto educativo todos los estudiantes se encuentran en el patio, de pie para regalarle múltiples aplausos a la ganadora internacional de deletreo escolar. Milet, se sorprende, se siente a gusto, con ese sencillo y bello gesto de sus compañeros estudiantes. Ya el trofeo se encuentra colocado en un pedestal, en la oficina de la Rectora; el nombre Milet Mandal, grabado en él, brilla y resalta a la vista. Por otra parte, la maestra Daya, también ha recibido un galardón, un reconocimiento a su profesionalismo y de cierta manera a su altruismo educativo; el consejo escolar distrital ha decidido nombrarla Sub-directora del plantel.
La Rectora escolar recibe a la maestra Daya en su oficina para informarle la decisión y le expresa.
—Estimada maestra Daya, esperamos con mucho gusto que usted acepte este ofrecimiento laboral.
— Respetada Directora, realmente no me lo esperaba; mi intención de ayudar y acompañar a Milet ha sido sin esperar nada a cambio, aun así estoy gratamente sorprendida con su ofrecimiento, además me siento muy agradecida; humildemente lo acepto, de todo corazón digo que sí. Gracias por la oportunidad, por considerarme preparada para ejercer esa función dentro de esta institución—responde la maestra.
— No esperaba menos de usted estimada maestra Daya Dara ; entonces no se hable más; a partir de este momento es usted la ciudadana sub-directora de este plantel ¡felicidades!—expresa la Rectora.
La maestra Daya, se retira de la oficina; decide dirigirse en primer lugar a su anterior aula de clases, para despedirse de sus estudiantes y recoger sus pertenencias, al entrar al salón, el primer rostro a que observa es el de la pupila Milet, decide conversar con ella un instante.
—Amada Milet, tanto tú como yo hemos vivido muchas emociones en estos días y hemos enfrentado cambios en nuestras vidas, hasta ahora han sido para mejor; quiero darte las gracias por llegar a mi vida, por conocerte y por todo lo que me has enseñado en este corto tiempo, gracias a ti hoy he recibido un reconocimiento.
— Es cierto maestra, hemos vivido cambios interesantes, significativos, aun así; soy yo quien le agradece a la vida el que usted me haya visto, se haya preocupado por mí y me tenga tanto cariño y amor. ¿Cuénteme cuál es ese reconocimiento?—pregunta la pequeña estudiante.
— Querida Milet me acaban de dar la noticia de qué me ofrecen el cargo como sub-directora en esta escuela ¡por supuesto yo acepte!—responde la señorita Daya.
— Excelente noticia maestra, me alegro mucho por usted ¡la felicito! Qué bueno, sé que será una maravillosa sub-directora, aunque reconozco que la extrañare como maestra, usted ha sido mi primera institutriz, mi mentora, mi inspiración— menciona la estudiante.
— Mi pequeña hermosa Milet Mandal, este triunfo te lo debo en parte a ti eso no lo puedo dejar de reconocer, tú me has motivado a ser mejor persona, a ver el interior del ser humano, a creer en los sueños y luchar por ellos —dice la maestra.
—Y yo obtuve el triunfo en el concurso de deletreo gracias a usted, esa es la gran verdad; seguiré adelante maestra Daya, caminaré cada día detrás de mis sueños y de mis metas; usted me ha enseñado con su ejemplo que si podemos lograr ser la persona que queremos. Se requiere constancia perseverancia y seguridad en uno mismo como individuo con virtudes y fortalezas— responde Milet.
—Tú también eres un gran ejemplo para mí existir; por eso te amo tanto, seamos amigas para siempre.
— Amigas para siempre Daya y Milet.