Heather Abro los ojos despacio. Tengo calor. Demasiado. Y tardo un momento en recordar qué hace que tenga tanto calor. El brazo de Álvarez sigue sobre mi cadera; aunque ya no estoy de espaldas a él, sino que estamos cara a cara. Él duerme. Su respiración haciéndome cosquillas en la cara. Parece tan en paz cuando duerme y en cambio tan enfadado con medio mundo cuando está despierto que sonrío mirándole y saco el brazo de la sábana que nos tapa a ambos para acariciar su mejilla. —Mmm —se queja de que alguien interrumpa su sueño. O tal vez le guste—. ¿Qué estás...? —Perdona. Sus ojos se abren poco a poco y una sonrisa dormida asoma en sus labios, a la vez que yo detengo el movimiento de mi mano. Él aún no se mueve y sigue pareciendo estar en paz. —No. Me gusta. No pares ahora. Su mano

