Heather
La entrada al campus está repleta de madres y padres, así que tengo que andar con cuidado para no chocarme con nadie, con mi maleta llena de pequeñas nubecitas a cuestas y un mapa que he encontrado en un expositor que había justo al entrar en la mano que me queda libre.
¡Madre mía! Quién me iba a decir a mí que iba a llegar a la Universidad cuando hace apenas unos días estaba cuidando de mi padre y sin absolutamente nada que hacer.
Qué vueltas da la vida... Aunque no puedo evitar preguntarme qué estarán haciendo papá y Calev.
¿Me echarán de menos? ¿Estarán buscándome como locos o habrán seguido con sus vidas como si nada?
Sacudo la cabeza, negándome a pensar en eso ahora. Si quiero empezar de cero, no puedo seguir torturándome de esta manera.
—¡Cuidado! —grita alguien delante de mí, y antes de que pueda darme cuenta de lo que pasa, está maldiciendo por el café que sujetaba en la misma mano que llevaba el mapa y que acabo de derramarle encima.
—¡Lo siento, lo siento!
Me agacho para coger el envase de cartón ya vacío y una cartera y un móvil que, por suerte, están intactos.
—Dame eso —protesta el chico de malas maneras, quitándome sus cosas de un tirón.
—Oye, lo siento, iba... distraída y... —la verdad es que no sabía qué más decirle.
Me paso la mano por la cabeza para intentar tranquilizarme. Él hace lo mismo con su pelo.
—Claro que lo sientes, j***r. ¿Sabes lo que cuesta esta camiseta?
Lo miro fijamente con los ojos demasiado abiertos. Él tiene el ceño ligeramente fruncido y me fulmina con sus ojos de color café. Sus carnosos labios forman una línea recta, como profundizando su enfado.
Acto seguido, suspira de manera brusca y se marcha, dejándome totalmente atónita.
Vaya humos...