Heather
—Voy en un minuto.
Beth murmura un "vale", mientras que se marcha hacia el interior de la casa junto a Erick y el otro chico.
No sé muy bien qué estoy haciendo pero, cuando veo que mi objetivo levanta la cabeza y me sonríe, lo recuerdo.
—¿Qué haces aquí fuera?
—Podría preguntarte lo mismo.
Álvare vuelve a sonreír. Es una sonrisa de lado, y tengo que admitir que es bastante adorable.
—La verdad es que no lo sé —respondo.
—Me estoy escondiendo —responde él a mi vez.
Frunzo el ceño, y no puedo evitar soltar una carcajada. No sé por qué lo dice, pero me ha sorprendido.
—¿Te estás escondiendo?
—Chelsea se vuelve muy pesada cuando está borracha.
—¿No crees que este no es el mejor sitio para esconderse?
Álvarez saca un cigarrillo del bolsillo delantero de su pantalón, junto con un mechero, y lo enciende.
Yo arrugo la nariz mientras que le veo hacerlo, pero decido que no es el momento de arruinar la noche con mis tonterías.
—Seguro que lleva demasiadas copas encima como para encontrar la salida —dice como si nada, a pesar de que es muy temprano como para que alguien se ponga así—. Hazme caso. A veces puede llegar a ser... —le interrumpo.
—¿Irritante?
—Irritante —murmura, dándome la razón.
Quiero decirle que antes he visto a Chelsea fuera dando vueltas, posiblemente buscándole, pero me contengo.
—No te preocupes por ella ahora —le suelto casi sin darme cuenta, antes de que mi cerebro pueda procesar siquiera las palabras.
—¿Y de qué debería preocuparme, pequeña?
Álvarez me guiña un ojo, a la vez que le da una calada al cigarro.
Quiero contestarle pero, aparte de que me ha desconcertado, alguien más capta su atención.
—¡Dani, tío! ¿Para qué haces una fiesta, para quedarte fuera? —grita un chico moreno, acercándose a nosotros.
Un fuerte olor a hierba perfora mis fosas nasales, y tengo que alejarme un poco de Álvarez para tomar aire fresco.
Si pensaba que el cigarrillo de éste no podía ir a peor, estaba totalmente equivocada.
—Pensaba que no veníais hasta el lunes, para las clases.
—Ese era el plan. Pero, ¿desde cuándo me pierdo yo una fiesta?
Álvarez murmura un casi inaudible "cierto", a la vez que su amigo posa sus ojos sobre mí.
Esto parece incomodarle a mi nuevo amigo. No solo eso, diría que la presencia de este chico le incomoda, y no sabría decir por qué.
—¿Quién es la nueva y dónde has dejado a Chelsea?
Frunzo el ceño. ¿La nueva? ¿A qué ha venido eso?
—Es una amiga —sonríe—. La he conocido esta mañana. Y Chelsea está dentro.
El chico asiente y, moviendo los labios sin decir ni una palabra, le dice que soy un buen partido.
Dios, esto tiene que ser una cámara oculta o algo.
—Os dejaré solos —me mira de nuevo, antes de empezar a andar—. Adiós, monada.
—No le hagas caso —me dice cuando ya no puede oírnos.
—¿No tienes amigos normales o qué?
Álvarez se ríe, tirando el cigarrillo al suelo. Entonces, se incorpora, quedando justo delante de mí.
Es justo ahí, cuando lo tengo cara a cara, cuando recuerdo algo que ha dicho su amigo.
—Entonces, Dani, ¿no? —sonrío de oreja a oreja, orgullosa por haber descubierto por fin su nombre.
—No me llames así —dice. Su tono es duro.
—Pero si es... —me interrumpe.
—Lo digo en serio.
—Está bien.
Asiento, dejándolo estar. No quiero que se enfade conmigo.
Después de un silencio bastante incómodo, Álvarez me aparta un mechón rebelde de la cara. Su tacto me provoca un escalofrío.
—¿Y tú cómo te llamas, pequeña? —sonríe, alzando una ceja. Es increíble cómo su humor cambia de un momento a otro.
—Heather. Pero pequeña también me gusta —sonrío también.
—Pequeña, entonces —sonríe de lado, de esa manera tan jodidamente adorable.