Blanca, la hermosa y diligente empleada de Greg, se encontraba ocupada limpiando la espaciosa sala de estar. La luz del sol se filtraba por las ventanas, bañando la habitación en un cálido resplandor. El sonido del arrastre de la escoba y el suave roce del trapo contra los muebles creaban una atmósfera tranquila. El día había sido largo y agotador para Greg. Había estado en el campo supervisando los trabajos de su extensa propiedad. Su ropa estaba empapada en sudor y su rostro reflejaba el cansancio acumulado. Sin embargo, algo más lo preocupaba, algo que había estado carcomiendo su mente durante todo el día. Cuando Blanca notó la presencia de Greg en la habitación, se detuvo y le dedicó una cálida sonrisa. — ¡Buenas tardes patrón! ¿Ha tenido un buen día en el campo? — preguntó con ama

