Cassandra se despertó temprano, se maquilló con cuidado y se hizo una coleta alta muy apretada, tanto que se dejó los ojos rasgados de tan estirado que le quedó el cuero cabelludo.
Optó por ponerse unos jeans de mezclilla deslavados muy justos y unos tenis N*KE que hacían juego con una blusa beige de Br*ntano que jamás se había puesto antes.
Comenzó a andar por todo su departamento, al ver que no tuvo ningún accidente decidió salir de su hogar para ir a dar una vuelta en las áreas comunes.
Al llegar al Lobby se topó con su ex marido, quién al verla fue corriendo hacia ella con los brazos extendidos.
- ¡Al fin puedo verte! ¡He estado intentando hablar contigo y verte en persona desde hace meses!. En cuanto supe de tu accidente fui a ver cómo estabas pero tú familia no me dejó pasar más allá de la recepción.
Le dijo Diego.
Cassandra hizo una mueca de disgusto muy parecida al haber pisado m****a de perro con el pie descalzo.
- ¿Que ching*ados quieres?.
Le preguntó ella siseando y en voz increíblemente baja.
Diego la miró descompuesto y comenzó a rebuscar entre sus bolsillos.
- He estado intentando darte esto desde hace muchos meses, incluso antes de nuestro divorcio.
Son los boletos para Playa del Carmen… Mi alma, perdóname por favor. Yo te extraño, dame otra oportunidad… esa… esa mujer no es nadie, no significa nada para mí.
Fui un tonto, un total imbecil.
Pero ya cambié, he estado yendo a terapia, quiero demostrarte que soy un hombre nuevo.
Le dijo mientras la miraba como un desequilibrado mental.
Cassandra asintió lentamente y observó a su ex; aunque era muy guapo y varonil.
Tenía buen cuerpo y parecía ser alguien simpático, lo cierto era que en realidad él siempre fue un patan.
No con ella en particular, pero si con el resto de las personas.
Fue por él que ella se volvió una persona completamente frívola, superficial y esteta.
Se había acostumbrado a vivir y convivir con ese tipo de personas que terminó por contagiarse de esa manera tan boba e inicua de relacionarse con los demás.
- Yo creo que debes irte Diego. Por fa.
Le contestó ella mientras recargaba su peso en las muletas de antebrazo tipo canadiense.
- Pero mi amorcito…
Comenzó él.
A Cassandra le dió nauseas en cuanto lo escuchó llamarla “Mi amorcito”.
- Diego, neta… voy a hablarle a seguridad si no te vas en este momento.
El hombre la miró totalmente devastado (o fingiendo, sabrá Dios) y se dió media vuelta para irse.
Cassandra sonrió e inmediatamente se encaminó de vuelta a su depa.
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Habían pasado casi seis semanas desde la última vez que Fabián estuvo con Cassandra en aquel restaurante desayunando, sin embargo se habían mantenido en contacto por teléfono.
Fabián había tenido que salir de viaje para realizarse ciertos estudios y también por cuestiones profesionales.
Ya que se había ido a presentar junto con unos violinistas de la filarmónica a diferentes ciudades del país tras haber sido invitados a unas presentaciones.
En cuanto regresó a Guadalajara le habló a su hermano.
- ¿A que hora va a llegar tu vuelo?.
Le preguntó Mauro.
- Ya estoy en mi casa.
Le contestó Fabián mientras estaba recostado en el sofá bebiendo un té helado.
- ¿Por que no me llamaste?. Pude haber ido por ti al aeropuerto Fabián.
Le recriminó Mauro sin poder ocultar su indignación.
- No te llamé por qué no necesito que nadie vaya por mí. Yo puedo moverme por mi cuenta, no dependo de nadie.
Le contestó de manera cortante.
- Fabián, si es por lo que dije antes de que te fueras en verdad perdóname. No lo dije enserio…
- Sí… como sea. Total, debo colgarte. Estoy cansado y quiero dormirme después de darme un baño. Te hablo luego.
Le respondió tajantemente para después colgar.
Tal y como anunció, se metió a bañar y después se recostó en la cama.
Quedó dormido apenas su cabeza tocó la almohada.
A la mañana siguiente, decidió hablarle a Cassandra.
- Buenos días…
Dijo Fabián apenas la otra hubo contestado.
- Hola… ¿Que tal tu vuelo?.
Le preguntó ella inmediatamente.
- Estuvo pasable… ¿Que tal las muletas?.
Le preguntó él.
- Ya no las estoy utilizando tanto, las cambié hace unos días por un bastón… uno muy genial de hecho.
- Suena a que te gusta usar bastón.
Observó Fabián mientras hacía abdominales.
- ¿Que haces que te escuchas tan agitado?.
Le preguntó Cassandra.
- Ejercicio… ¿Tu qué haces?.
Le preguntó él.
- Desayuno…
Le respondió ella.
- ¿Que desayunas?.
- Chilaquiles verdes.
- Que rico.
- ¿Quieres?.
Le preguntó ella.
- ¿Chilaquiles?.
- Ajá…
- Sí, le diré a Juanita que me prepare unos.
- Yo me refería si quieres venir a mi casa a desayunar.
Le contestó Cassandra.
- Ya voy.
Le respondió Fabián deteniéndose inmediatamente para después dirigirse al baño a tomar una ducha.
- Háblame cuando estés en el lobby para pedirte un Ub*r. Dime tu dirección.
Le pidió ella.
- Te la mando en un rato por mensaje.
- De acuerdo, date prisa pues. Voy a dejar de comer para esperarte.
Le contestó ella luego de que Fabián le pidiera a Siri que le compartiera su ubicación.
- Que linda eres. No me tardo… ¿Tu vives a un costado de Andares? ¿Verdad?.
Le preguntó él sin colgar la llamada mientras abría el grifo de la regadera, echándose jabón a toda prisa y tallándose el cuerpo frenéticamente con violencia. Ni siquiera tardó cuarenta segundos cuando ya estaba saliendo de la ducha con la toalla en la cadera.
- Ajá… y tú me dijiste que vives en Prados Providencia…
Le preguntó Cassandra mientras escuchaba a Fabián cambiarse a toda prisa.
- Así es.
Respondió él.
- Ah, entonces vas a llegar súper rápido. Vives súper cerca… bueno. ¿Te pido el Ub*r?.
- Sí.
Respondió Fabián mientras se terminaba de poner el pantalón.
- Okay… entonces ya te lo estoy pidiendo, no te vayas a accidentar por hacer todo a la carrera…
Te marco cuando vaya llegando el conductor.
- Cassandra, conozco mi depa de memoria. No me voy a caer.
Le respondió él un poco más calmado, aún así el corazón le latía desbocado por los nervios, no le importaba si Cassandra no era muy guapa, (A Mauro se le olvidó decirle que Cass en verdad era ridículamente guapa)… le gustaba su tono de voz increíblemente sexy y su manera de ser, estaba loco por ella.
- Está bien. Oye… estoy emocionada por verte.
Le dijo ella.
Fabián sonrió.
- Yo también estoy emocionado por ir contigo. En un rato llego a tu casa, guárdame birotes.
Le pidió.
- Aquí hay birotes… Ana me trajo muchos hoy en la mañana.
- Que rico… ya voy bajando por el ascensor.
Le dijo Fabián.
- Te espero. Con cuidado.
- Okay.
Así pues Fabián subió al coche apenas hubo salido del edificio.