—Necesito ir al baño— dije, colocando mi mano sobre mi estómago. Tal vez fue algo que comí o nuevamente las náuseas del embarazo. Fue una ligera molestia, pero quería lavarme, por si acaso. Ivan tomó mi mano. —¿Estás bien? ¿Quieres que te siga? —Está bien. Puedo manejarme sola. Mis tacones resonaron sobre el suelo de mármol mientras avanzaba. Estaba harta de vomitar. Los vómitos habían disminuido, pero todavía me ponía de los nervios. Doblé una esquina. Al salir del baño había un hombre rubio. Llevaba el pelo largo, casi hasta los hombros. Sus ojos azules realzaban su aspecto principesco. No pude evitar pensar que era hermoso, pero algo en su comportamiento y la forma en que me miraba me irritaba el estómago. Me parecía familiar; quizá lo había conocido antes, en algún lugar, pero nad

