—Nos volveremos a casa a la hora que tú quieras —mencionó Oliver con una sonrisa en los labios mientras caminábamos—. Tú solo me avisas y yo pido un taxi —asentí hacia él en confirmación y luego nos detuvimos en la entrada de una linda casa. Habíamos viajado en un taxi cerca de veinte minutos, y al igual que el barrio de mi padre, este se notaba muy seguro, lo que me daba tranquilidad. Oliver tocó la puerta frente a nosotros y esperamos pacientes a que alguien nos atendiera, pero mi mal humor se hizo aún más visible cuando frente a nosotros apareció aquel rubio creído. Suspiré con cansancio y decidí que no debía darle cuerda a este chico, pues en definitiva, él solo era el mejor amigo de Oliver y yo tenía otros planes para la noche, como emborracharme y pasarlo bien con Ivy. —Bienveni

