La pareja ingresó a la alcoba solo existía una cama de madera de dos plazas pegada a una pared, una silla vieja arrumada en una esquina, varias tinas con ropa limpia a un costado de una pequeña mesa de planchar, además de algunas cajas de cartón apiladas en un extremo. —Disculpen somos humildes —volvió a repetir la señora. —Más bien usted discúlpenos a nosotros por venir a incomodarla —le dijo Olivia, con la mirada agradecida. —En estos momentos es cuando debemos ayudarnos unos a otros. — Sonrió la mujer. La señora salió de la habitación, Iván, también le agradeció el gesto. Olivia se sentó en un extremo de la cama, observaba la alcoba y escuchaba como de nuevo la lluvia caía. —¿Crees que hayan logrado evacuar a toda la gente cercana a la montaña? —No lo sé, espero que sí, sería un

