—Sí me espera hasta cambiarme de ropa acepto su invitación. Iván sonrió. — Por supuesto. Minutos más tarde llegaron a la casa de Olivia, la joven bajó del vehículo, ingresó a su residencia en donde su mamá la estaba esperando con la mirada llena de ira. Apenas vio a su hija entrar por la puerta se abalanzó a ella queriendo abofetearla como era su costumbre, sin embargo, Olivia, le agarró la mano. —No pienso permitir que me vuelvas a tocar —pronunció con la voz temblorosa, sentía que las piernas le fallaban. La madre de la joven abrió sus ojos de par en par. —Soy tu mamá, y me respetas. ¿Piensas que ese riquillo se va a fijar en alguien tan simple e insignificante como tú? —Él no tiene nada que ver en mi vida, es solo mi jefe. —¿Segura? —cuestionó soltando una risa irónica—. Andas

