Gimo cerrando mis ojos al sentir los caninos de Eros raspar mi cuello, mi respiración se descontrola al sentir sus manos en mi cuerpo, en mi piel. Lentamente me despoja de la ropa, nos levantamos besándonos con pasión. Nuestro cuerpos se entrelazan sintiéndonos plenos en armonía. Mi cuerpo se calienta, se llena de fuego, un fuego que arrasa con todo a su paso. Mis lágrimas empañan mi ojos, mi cuerpo empieza a doler de agonía y lujuria, el deseo nos abraza. Él olor a dulce del celo nos consume lentamente. Gimo al sentir cómo me invade sin prisa, lentamente volviéndolo doloroso y excitante al mismo tiempo. Nuestros cuerpos se unen en uno solo, el sonido morboso llena nuestra habitación bañando nuestro oídos. Curveo mi espalda al sentir como se adentra con más profundidad dentro de mí

