«¿Natalia?» Ella se limpió las lágrimas con las manos y trató de serenarse, mientras el vaquero bajaba de su caballo, ella no lo había visto, pero tampoco era necesario hacerlo. Sin importar el tiempo que hubiese pasado, ella siempre iba a recordarlo. —Natalia, ¿eres tú? —preguntó el recién llegado, acercándose a ella, colocando una mano sobre su hombro. Ella se sobresaltó y se alejó. —Lo siento —se disculpó. —¿Qué haces aquí? —preguntó Natalia, levantando la mirada para encontrarse con aquellos hermosos ojos que alguna vez creyó amar. —Negocios, y tú, ¿Qué haces acá? —interrogó, sentándose a su lado. —Es una larga historia, Esteban —dijo en medio de un suspiro. —Tengo tiempo, además, siempre es bueno ver a los amigos —respondió. Natalia lo miró. Eso eran, eso habían sido siempre

