Natalia caminó con paso tembloroso, su mirada se desvió por unos cuantos segundos. Sus hijas estaban al frente, Ángela tenía una pequeña cesta con pétalos de flores y Estela llevaba las argollas de matrimonio. El corazón de la mujer se agitó y una sonrisa sincera apareció en su rostro al ver al responsable de tanta felicidad, Natalia pensó que no había manera de pagarle por todo lo que había hecho, hacía y haría por ella y las niñas, solo tenía su corazón y su amor para entregarle. —Te ves hermosa —le susurró Julián al verla llegar a su lado, tomó su mano y dejó un beso sobre su dorso. —Gracias, Julián —musitó en respuesta. —Estás temblando. —Estoy nerviosa —dijo—, pero me siento feliz y dichosa de estar contigo. Julián le sonrió, dejó otro beso sobre el dorso de la mano de Natalia y

