Renata miró a su hijo. —Carlitos… —No tiene nada de malo que te dejes ayudar, mami —insistió el pequeño. Ignacio le sonrió. —Tengo buenas intenciones, Renata, en verdad quiero ayudarte y ayudar a Carlitos. Por favor, no quiero hacer de esto una batalla campal —dijo con seriedad. —¿Qué quieres decir con eso? —le cuestionó Renata. Ignacio miró al niño y ella supo que debía evitar que él hablara delante de su hijo. —Carlitos, ¿puedes traer un poco de agua para el señor? —le preguntó. El niño asintió y salió corriendo de la sala. —Gracias. —Espero que te atragantes cuando la bebas —soltó sin misericordia. —Estás siendo muy dura, cuando sabes que también tuviste algo de culpa —expresó con seriedad—. Asumiste por tu cuenta cosas que no eran, Renata, no confiaste en mí lo suficiente co

