Efraín miró complacido cómo Natalia se desvanecía, se lamentó que fuera atrapada por Samuel Altamirano antes de estrellarse en el suelo, también disfrutó del revuelo que se armó, lo que le dio oportunidad para husmear alrededor de la hacienda, quería comprobar si era o no cierto que las niñas no habían llegado con ellos. —¿Se te ha perdido algo, Efraín? —el hombre se detuvo al encontrarse con Álvaro Montero. —Apártate, capataz —le ordenó con desdén. —Estás en las tierras de Miramar, no en Ojo de Agua, aquí tu voz no tiene peso —le recordó el capataz con frialdad. —Estoy en todo mi derecho, buscó a mis sobrinas y temo que acá es donde las están escondiendo. Así que, será mejor que te apartes de mi camino y no responderé por mis actos —le amenazó. —Me parece una magnífica excusa para r

