Capítulo 22. Gracias por existir

1844 Palabras

«Cásate conmigo» Natalia miró a Julián y no pudo evitar que sus ojos se llenaran de lágrimas. Sabía que esta petición no tenía nada que ver con la primera que le había hecho en la vieja choza cuando ella estaba herida y desesperada. Esta no era una propuesta de último y único recurso para ayudarla y eso era lo que más le asustaba, tenía miedo de no ser la mujer que Julián necesitaba a su lado. Ella tenía sobre sus hombros un pasado a cuestas y dos hijas que la necesitaban. —Julián —susurró ella, tomando la mano del vaquero entre sus manos, acariciándolas como si fueran un precioso tesoro y es que lo eran. Julián Altamirano era un hombre que valía oro, de esos pocos que aún quedaban en el mundo y que le hacía tener esperanzas. —Te amo —le dijo él, adivinando lo que Natalia estaba pensan

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