Los pitiditos de la maquina estaban acabando con mi paciencia ¿acaso existía sonido más molesto que este?, lo dudaba seriamente, es que ese bendito sonido estaba acabando con toda mi paciencia. Para mí, estar en un hospital era el infierno en persona, escuchar las benditas maquinas pitar una y otra vez, manteniéndote en un limbo de emociones y desconcierto, porque sí, lo que hacían estas máquinas era jugar con tu psiquis hasta llevarte al extremos, esos pequeños aparatos infernales jugaban con tu mente. Era el juego del “vive o no vive”, igual a la película del personaje ese, el que andaba en triciclo y te ligaba en situaciones extremas, jugando a ser dios y verdugo, acá ocurría lo mismo. Ese maldito aparato marcaba el destino una vez más de mi familia, el destino de mis hermanos. Mis o

