16 Mandra corrió hacia las puertas del balcón, cambiando de forma mientras se subía de un salto a la barandilla. Gruñó al ver a su compañera surcando el aire cada vez más lejos del castillo, y el rugido de su dragón resonó con la advertencia de que nadie debía acercarse a ella. Su cola chocó contra el vaso que había dejado sobre la piedra, enviándolo al suelo del balcón, donde se hizo pedazos del mismo modo que su autocontrol. Su dragón no aceptaría que siguieran negándole el ejercer su reclamo; Mandra extendió las alas enormes, cruzando las sombras de la noche y ganándole terreno rápidamente a su compañera. Ariel llamó a su compañero para que acudiera a ella incluso mientras continuaba volando lejos de él; lo que buscaba era un lugar en el que pudieran estar a solos pero aun así contar

