Capítulo 17-4

2157 Palabras

Mandra miró a Adalard bajo la tenue luz. El rostro del príncipe curizano mostraba la marca del último intento de asesinato: una cicatriz larga y delgada que iba desde el pómulo hasta la mandíbula cuadrada. Adalard llevaba el largo cabello suelto sobre los hombros, y sus iris de un púrpura oscuro brillaban de ira. Iba vestido con pantalón, chaleco y botas, todo de cuero n***o, el atuendo preferido de los guerreros curizanos. ―Tu tío es hombre muerto ―gruñó Adalard con una voz profunda y rica―. Su último intento contra mi vida y la de mi hermana ha estado demasiado cerca de triunfar. Mandra observó cómo Adalard tomaba un buen trago de la copa que tenía delante. Estaban en un pub nada destacable en una de las zonas menos visitadas de Iduna. Adalard había llegado tarde y tanto él como tres d

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