14 Mandra miró de reojo la figura dormida que tenía entre los brazos con un suspiro de felicidad. Su compañera no era consciente de los cambios que se estaban produciendo en ella, pero él y su dragón sí. La noche pasada, mientras le hacía el amor, había visto cómo se movían por su espalda y hombros las delgadas venas de las alas y el color rosado de las escamas. Ariel todavía no estaba lista para transformarse, pero lo estaría dentro de poco. Ahora lo que debía hacer Mandra era asegurarse de que su compañera comprendía completamente lo que significaría que intentase volver a abandonarlo. Daría con ella, nunca la dejaría marchar. Su dragona lloraría a su compañero, y Ariel también. La pérdida las carcomería hasta que su voluntad de vivir sencillamente se desvaneciera. La besó en la frente

