Capítulo 9-1

434 Palabras

9 Mandra entró malhumorado en sus habitaciones. Se había pasado las últimas seis horas registrando el palacio de arriba abajo. Había encontrado el lugar en el que la mujer había dormido, pero después la había vuelto a perder. Apretó los dientes en un gesto de frustración. Ya había cruzado casi por completo el salón cuando se detuvo en seco, olisqueando el aire con cuidado. Olía a… «¡Comida! ¡Huelo comida!», rugió su dragón. «Maratts y grombots. ¡Míos! Todos míos». «¿Pero qué…?», empezó a decir Mandra, antes de girar la cabeza bruscamente hacia las jaulas apiladas contra la pared del fondo. «¡¿Quién, por todas las galaxias, los ha metido en mis habitaciones?!» gruñó lleno de peligro. Él nunca habría dejado entrar algo así en sus habitaciones privadas. El sitio de la comida estaba sobre

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