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1825 Palabras

Helena se fue a dormir y yo me quedé un rato ahí en el sofá, pensando en la vida y tratando de no pensar en Jonathan. Tenía miedo de pensar demasiado y descubrir lo que podría sentir por él. Después de un rato me dio sueño y me fui a la cama. Samantha todavía estaba despierta. Las luces estaban apagadas, pero me di cuenta de que estaba llorando. - ¿Estás bien? – pregunté alisando su cabello en la oscuridad y sentándome a su lado en la cama. - Helena fue muy dura conmigo. Yo la abracé. Samantha no solía ser muy emocional y el hecho de que estuviera llorando significaba que estaba realmente lastimada y lastimada por dentro. - No llores, Samantha. Estoy seguro de que Helena no pretendía hacer daño. - La verdad duele tanto, Ari... - Lo superarás, Samantha. Siempre fuiste una mujer fuerte

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