Aaron
—¿Qué?— la voz de Aspen resonaba desde fuera de la sala de control y Eric frunció el ceño profundo, a punto de ponerse de pie. Lo tomé del brazo y lo detuve, sin dirigirle una mirada mientras hamacaba a Eric Jr. en mi pierna.
—Déjala, papá paranoico, sabes como es tu mujer de exagerada.— dije, aún sosteniéndolo mientras me balanceaba. Eric Jr. me sonreía, agitando sus brazos a todas partes. Era toda una monada, balbuceando cosas que no entendía.
—Lo sé, lo sé, pero me pones los nervios de punta que le pase cualquier cosa.— dijo Eric, retorciendo sus dedos antes de hacerle caritas a Eric Jr. La bebé comenzó a reírse, como si se asfixiara, así de mucho.— Es tan jodidamente horrible creer que le puede ocurrir cualquier maldita cosa. Es una mierda esta incertidumbre.
—¡Groserías, Briggs!— gritó Aspen desde afuera y una sonrisa estúpida cruzó su rostro. Había que admitirlo, una sonrisa estúpida, pero bastante dulce.
Me gustaba ver como mi amigo se desarmaba y comenzaba a temblar sólo por tres palabras de su mujer. Lo había visto pasar de un llanto a una sonrisa, o del enojo a la ternura inmediata más de una vez y algo dentro de mí comenzaba a preguntarse cómo sería todo para mí si encontraba una mujer que me hiciera sentir eso. Quiero decir, ¿Sexo increíble? Sí, la mayoría de las chicas con las que me acostaba conseguían dármelo, pero ninguna me dejaba la sensación que Aspen le dejaba a Eric. No lo sabía a piel propia, claro, pero en cada canción que le escribió a su mujer, dejó su alma, sus emociones, su corazón.
Aspen regresó a la habitación, algo agitada y tomó su bolso del tablero de control. No estoy seguro como hizo Aspen para estar un par de horas aquí cuando Casey estaba aquí (era obvio que querían arrancar los cabellos de la otra), pero parecía que ya era hora de irse (y tampoco sabía como lo hacía, cuando se había rehusado antes a marcharse, cuando Casey se lo sugerió). Podía ver a Casey relajarse por eso pero Aspen era ajena a la situación.
—Tengo que irme, Chaddy tuvo una crisis y tu hermana...— comenzó Aspen, guardando las cosas dentro de su bolso.— Tengo que ayudarlos, a mediar, yo entiendo a Jus, Tamara vendrá si necesitas ayuda.
—Espera, ¿Qué? ¿Cómo que tuvo una crisis?— comenzó Eric, pero en lo único que yo podía pensar era en ella. En esa calienta braguetas.
Sólo había pensado en esa mujer muy ocasionalmente, en especial cuando iba a la cama con una chica y ella no cumplía mis expectativas. Sólo por esa mujer. Aún recordaba muy bien todo lo que sentí.
«La rubia estaba bailando sobre Eric, haciendo que sus manos la recorrieran antes de subirlo al escenario y bailarle contra el tubo. Todas esas delicias del pecado me parecían bastante familiares, pero en lo único en lo que pensaba en realidad, en ese momento, era que nadie había sido entregada a mí.
—Oh, pero si aquí tenemos a Aaron Brooklyn.— cantó una chica, pelirroja, con un traje de baño de una sola pieza y un jodido velo cubriéndola. Sólo podía ver sus tetas, que eran algo pequeñas pero firmes y redondas.
—Pero si aquí tenemos a la siguiente en mi cama,— dije, tomándola por la cintura y ella se meneó en mi regazo antes de volver a subir a la mesa frente a mí. La rubia salió corriendo y Eric salió disparado detrás de ella, pero además de eso, nadie más se había movido.— ¿Qué nombre voy a agradecer una noche asombrosa?
—Puedes llamarme Tamara.— sonrió, una sonrisa pícara que me puso a mil. Esos labios llenos, esos ojos avellanas, esas tetas maravillosas. Sí, puedo llamarte mi perdición, también.— ¿Te he dicho que soy una gran fanática?
—¿En verdad?— pregunté, sabiendo que ya estaba listo para ella, sólo necesitaba mover ese traje a un lado y meterme en su interior. Se sentó a horcajadas de mi regazo, gimiendo sin dudas al notar mi erección. Se inclinó hasta que su boca cayó sobre mi cuello y pasó su lengua traviesa a través de mi piel. Oh, demonios.
—Mh-hm, y puedo cantarte todas las canciones, siempre y cuando tengas un micrófono para mí.— respondió con picardía, con sus manos bajando a mi regazo. Oh, una chica directa a la acción.— ¿Podrías prestarme este que tienes aquí?
—Puedes tener todo lo que quieras de mí, Tammy.— susurré, sintiendo esos gruesos labios de azúcar caer contra los míos.
Entonces, yo estaba devorándola y ella a mí. Mis manos estaban por todas partes, sin conseguir suficiente, y la oí gruñirme que la llevara hacia el corredor y, demonios, no me importaba llevarla a ninguna parte siempre y cuando pudiera meterme en su interior. El corredor estaba oscuro y no había nadie cerca, así que sólo abrí mis pantalones lo suficiente mientras ella apartaba el traje de baño lo suficiente para darme acceso.
Oh, mierda, ella era el cielo. Cálida, estrecha, húmeda. Apartó a un lado la parte superior del traje de baño y guió mi cabeza allí, a esas firmes tetas con prietos pezones.— Lame.— ordenó, empujándome contra ella mientras daba brinquitos.— Eso, oh, eso... Duro...
—¿Exigente, eh? ¿No vas a hacer lo que yo quiero?— reí, llevando mi boca hacia su otro pico. Apretó sus caderas contra las mías y las movió, de nuevo, sin permitir que la penetrara contra la pared...
—No soy otra de tus chicas, Aaron.— susurró, levantando mi rostro para besarme nuevamente, con esos labios que fácilmente podrían volverse mi adicción. No pasó mucho tiempo para que mis piernas me dolieran tanto como mis bolas y al parecer, ella lo notó.— Ahora, puedes empujar.
Mordí su hombro, impulsando mis caderas más profundo, más fuerte. Gimió mi nombre, arañándome los hombros y gruñó palabras que no comprendí, su rostro torciéndose en una deliciosa mueca de placer. Me sentí como un animal sólo con eso, sólo con ver que disfrutaba tanto de lo nuestro. No lo pude evitar, luego de los espasmos de su calor, me corrí con fuerza en su interior, sintiendo cada chorro de mi liberación derramándose dentro de ella.
—Oh amor, eres increíble. Teléfono.— exigí, bajando mis labios por sus tetas. Tamara me apartó, acomodando todo de regreso mientras yo salía de su interior.
—Lo siento, no repito.— dijo, quitándome un último beso antes de bajarse de mi cintura y darle una palmadita a mi entrepierna.— Asombroso, Aaron, los rumores no mienten.
—¿Qué?— pregunté, bastante confundido. Tamara me dio un beso que me hizo creer que me había equivocado al oir, pero pronto se alejó, manteniendo mi labio inferior entre sus dientes.
—Yo sólo lo hago una vez... Sólo una...»
El parloteo de Aspen me trajo a la realidad, diciendo que Tamara ya estaba aquí abajo antes de inclinarse y presionar sus labios contra los de su esposo.
—Volveré en cuanto pueda, lamento no oír el resto de tus canciones, mi Briggs, pero me las puedes cantar más tarde, tienes una voz increíble en la cama.— le susurró, aunque lo suficientemente fuerte como para que oyéramos. Ya sabes, en especial Casey.— Te amo...
—Y yo te amo a ti,— murmuró Eric, robándole un pequeño beso más. Mi amigo no lo decía, pero yo sabía que, en sus ojos, el brillo indicaba que no quería que ella se fuera.
—Te amo, mi pequeña, pórtate bien con la tía Tam.— dijo Aspen, besando la frente de Eric Jr., lo que la hizo reír como una loca. Se estiró para besar mi frente y palmeó mi mejilla.— Gracias por ser tan gentil con mi bebé, Aaron.
—Gracias por ser tan sexy y venir a demostrarlo por aquí tan seguido.— bromeé, lo que la hizo reírse tontamente antes de besar a su esposo una vez más.
—Te amo, Sexy, llámame si me necesitas.— dijo Eric, en lo que sonaba como un "Llámame apenas llegues al auto."
A veces me encantaba eso, la manera en que mi amigo se deshacía por Aspen, la forma en que dependía de ella. Me gustaría tener una mujer que lograra hacerme sentir eso, pero también me daba miedo. Me daba miedo que por culpa de una mujer yo tuviera miedo a otras mil cosas más. Como a perderla, como a que algo le ocurriera, como a no ser suficiente para ella. Yo no quería ser débil sólo por amar, pero quizás sería bueno experimentar el amor antes de que mi vida se acabara.
Ella rodó los ojos, pero de todas formas saludó una vez más a Eric.— Que. Esa. Mujer. No. Toque. A. Mi. Bebé.— dijo con los dientes apretados, esta vez bastante bajo que estaba seguro que sólo Eric y yo lo habíamos oído.
—Yo me encargo de eso, Aspen, ve con tus amigos.— le dije, palmeándole la espalda y Aspen me dio una sonrisa llena de gratitud.
—Eres encantador, los veo más tarde.— dijo, saliendo de la sala y podía ver la lucha interna de mi amigo por permanecer en su sitio. Lo veía queriendo abandonarlo todo, salir corriendo detrás de su mujer, pero permaneciendo aquí a duras penas.
—Amigo, vamos.— le dije, palmeándole el hombro luego de que Aspen había salido. Eric me sonrió a medias antes de tomar a su Junior de mis brazos.
—Al menos te tengo a ti, mi Cam.— le murmuró y la bebé no hizo más que reír e intentar tomarle el rostro con sus manos.
Era un lindo bebé, uno que no lloraba mucho y se quejaba poco. No quería que la tuvieran mucho en brazos, a menos que fuera por mí (o eso, segun Eric). Quería uno de esos para mi futuro, un pequeño y lindo bebé, pero para eso, necesitaba una linda y perfecta mujer. Después de todo el tiempo en mi vida en que había estado perdiendo el tiempo (muy hábilmente) follando con todo tipo de mujeres, ahora necesitaba encontrar a la indicada, antes de que fuera demasiado tarde en mi vida.
—¡Hola!— y aquí se aparecía la que estaba más lejos de ser la indicada.
—Hola, calienta braguetas, que bueno tenerte aquí.— dije con sarcasmo, y la sonrisa de Tamara se borró de inmediato.
—Oh, demonios, olvidé que este cara de pene estaría aquí.— dijo rodando los ojos, aunque yo sabía que ella debió saber que yo estaría aquí.
—Admítelo, tú amas mi cara, porque te recuerda a mi pene y creo que lo amaste también, ¿Verdad, calienta braguetas?— pregunté y Elias se rió entre dientes desde la esquina, luego de salir de la cabina de grabación.
—Hey, groserías, mi bebé está aquí.— dijo Eric, moviéndose de un lado a otro con Cam en sus brazos. Se acercó a nosotros y la dejó en mis brazos.— Ya oíste a mi Sexy, tenla tú, tengo que entrar a grabar.
—¿Qué es lo que dijo Aspen?— preguntó Tamara, pero Eric sólo entró en la sala de grabación, dejándola con la duda. Ella volteó hacia Elias y repitió la pregunta.— ¿Qué dijo Aspen?
—Yo acabo de salir de allí, muñeca, no oí nada.— dijo, sacando su teléfono para escribir un mensaje. Hacía tiempo que él estaba muy pendiente de ese teléfono, pero yo, bueno, yo sólo estaba pendiente de alguien, en especial cuando ella entraba en la habitación.
—Bueno, Aspen dijo que debíamos tener cuidado contigo porque, bueno, hace tanto que no tienes sexo que te estás poniendo irritable, calienta braguetas. ¿Por qué no vamos a resolver eso más tarde?— le ofrecí y ella sólo me frunció el ceño, tomando a Eric Jr. de mis manos.
—No seas un cerdo, Brooklyn, tienes un bebé en tus brazos.— discutió, haciéndole caritas a la niña.— ¿No es cierto, pedacito de alegría? ¿Tu tío Aaron no está siendo un cerdo?
—¿Yo, un cerdo? Fuiste tú la que me exigió que chupara sus...— su mano fue directo a mi boca y me miró con pura súplica en esos ojos avellana. Ella parecía gritar: No digas nada, y el demonio sobre mi hombro gritaba: Ella no merece piedad.
Creo que ella notó mi duda en obedecerla, por lo que tomó el bolso de cosas de Cameron y lo puso sobre su hombro.— Elias, dile a Eric que voy a ir a casa. El ambiente está apestando demasiado.
Sin esperar respuestas, la calienta braguetas salió del estudio y me pateé internamente por ser el responsable. ¿Por qué me costaba tanto cerrar la boca cuando estaba cerca? Sólo quería insultarla, hacerla que se avergonzara, ignorarla, besarla frenéticamente... Eso era, ese deseo de repetir lo que ella llamó "Cosa de una sola vez". Estaba obligándome a mí mismo a guardar mi orgullo roto, y lo único que eso provocaba era dejarme más lejos de mis deseos.
De mi calienta braguetas...