En el auto voy pensando con frustración en lo que tendré que soportar en la cena con Teodoro y su hija, pero no me queda de otra, cuando mi madre se de cuenta que lo que decía era cierto no podrá obligarme a nada. Mis padres son los únicos que tienen cierta influencia en mis decisiones, se que sin importar la edad que tenga ellos seguirán metiéndose en mis asuntos, me causa estrés, pero al final soy yo el que tome la decisión respecto a mi vida. Y ellos terminan en aceptarla.
—¿En que tanto piensas?—. Pregunta Arthur que es quien va de copiloto, me voltea a mirar con una sonrisa.
—Complaceré a mi madre con su propuesta .
—¿Aceptaste casarte con la hija de Teodoro Saenz?—, Inquiere con las cejas levantadas, sorprendido.
—No , pero la conoceré hoy por la noche.
—¿Y que te preocupa entonces?¿ que termines enamorado de ella?—. Expresó con burla, Armad comenzó a reírse el conducía el auto, pero eso no le impidió ir atento a nuestra conversación, mis ojos lo aniquilaron.
—No, no me preocupa, me irrita tener que ir a esa cena—, el auto se detiene en un semáforo y mi atención es llamada por dos niñas una de ellas va con muletas y la otra es muy pequeña, intentan atravesar una alcantarilla que esta de punta a punta en el zaguán a una Iglesia, una mujer que va de paso en una motoneta se detiene, no logro ver su rostro por que esta de espaldas, lo siguiente que hace me saca una sonrisa pues con la ayuda de uno de los portones de la entrada las cruza sin ningún problema. Los subió a las orillas del portón mientras ella sujetaba las muletas y los llevó hasta el otro extremo.
Estamos por avanzar pero veo que un hombre se acerca a ella y comienza a gritarle, no lo dudo ni un segundo y me bajo del auto.
—¿Qué pasa? —,escucho que Arthur me pregunta alertado, bajándose de inmediato, no le hago caso y me acerco hacia la pareja qué discute acaloradamente.
—No te voy a esperar más ¿me escuchaste? Me debes mucho dinero y no me haz pagado ni un quinto, no entiendo porque te descaras a pedir por estos mocosos si no te lo agradecerán nunca.
—No me importa tu opinión, te voy a pagar, ya te lo dije.
—¿Cuándo?
—Cuando lo tenga, aprende hacer paciente, pero puedes estar en paz, no te quedaré a deber ni un solo peso, puedes estar seguro de eso.
—No sabes como me tranquiliza eso—, responde con sarcasmo.
Me acerco un poco más a ellos y puedo ver su rostro, su piel es morena y parece brillar con los rayos de sol, sus cejas son delgadas y su ojos negros son grandes, su nariz es pequeña y su labios delgados, es muy bella. Su barbilla esta levantada , altiva y su ceño fruncido con molestia.
—Me llevaré tu moto, entonces—, dice el hombre y camina hacia esta
—No, no, estas pero bien mal de tu cabezota.
El hombre se sube en esta, e intenta prenderla, la mujer se posiciona frente a la moto y quita rápidamente las llaves. Comienzan a forcejear entre ellos, hablan tan rápido que me es difícil entender lo que dicen. Las niñas a las que había ayudado solo observan en silencio asustadas.
—Suficiente —. Digo y al instante los dos se detienen y voltean a mirarme. Sus ojos me observan desconcertados y me recorren el cuerpo, arrugando más su frente.
—¿Y usted quién es?—, me pregunta.
—Alexander Santana—.Respondo acomodándome el saco, una de sus delgadas cejas se levanta y vuelve a mirarme de pies a cabeza, provocándome incomodidad por la manera en que lo hace, estoy acostumbrado a otro tipos de mirada y esta sencillamente no puedo interpretar.
—¿Y? —. Se cruza de brazos esperando mi explicación ante mi interrupción . Yo paso mi mirada hacia en hombre que aún sigue montado en la moto.
—¿Cuánto le debe la señorita?—, inquiero y el hombre no duda en responder.
—¡Cinco mil pesos!—, levanta los cinco dedos de su mano.
—¿Habla enserio?
—Muy enserio, esta es una descarada …
—¿Por cinco mil mugres pesos quiere quitarle la moto?—, interrumpo a él hombre, sencillamente no tolero esta clases de personas que se la dan de listos—, su moto vale más.
—Abuso de confianza, me dijo que me lo pagaría dentro de dos meses y ya van tres —. Responde levantando la voz.
—Te pido que moderes el tono de tu voz —,reprendo, mientras busco mi cartera, la saco y le doy más de cinco mil pesos, este se baja de inmediato y toma el dinero con ambas manos, sus ojos brillan ante la emoción de tener tanto dinero en frente a el. Baja de la moto con rapidez.
—Eso es demasiado dinero —, la mujer se acerca y se lo arrebata de las manos.
—Oye es mío—, grita el hombre, pero a ella le da igual y lo cuenta rápidamente, después le entrega la cantidad exacta que le debe. Todo pasa tan rápido.
—Largo y ya no me molestes—. Dice levantando más la barbilla con arrogancia, el hombre trata de refutar pero yo no se lo permito.
—Ya la escuchó ,ahora váyase —. Por el tono en mi voz autoritario, el hombre se marcha no sin antes darle una mala mirada a ella y asentir en mi dirección .
—Gracias —, pronuncia y me sonríe—.Toma —. Intenta darme el resto de dinero pero yo me niego.
—Es tuyo quédatelo
—¿Vienes de alguna fundación?
—No
—¿Y entonces?—,su mano aun esta estirada en mi dirección .
—Por favor, acéptalo, por lo que escuché ayudas a los niños, así que puedes dárselos a ellos.
Observa su mano donde sostiene el dinero, pensativa se queda unos segundos más, después se voltea y va hasta donde están las niñas, no logro escuchar lo que les dice, pero si veo que le da los billetes a la más grande. Después las niñas se van.
—Nuevamente muchas gracias, hoy Dios se apiadó de mi y me mandó a un ángel—, expresa cuando se acerca a mi—, el dinero se los mandé a las monjas que viven en esa iglesia, con ellas se quedan varios niños que se quedaron sin papá y mamá, o que simplemente vivían en la calle y llegaron a pedir ayuda.
—Eso habla muy bien de ti, no cualquiera hace eso.
—Lo que hiciste por mi habla muy bien de ti también, me ayudaste sin conocerme—. Exclama con una sonrisa y hasta ahora me doy cuenta que he hablado más de lo que acostumbro.
—Lo que hiciste por esas niñas me dio el impulso a ayudarte—. Replico correspondiendo a su sonrisa, ella desvía la mirada y hace una mueca con los labios.
—No fue nada, pero me alegra que mi acción haya tenido una buena reacción, ojalá y así fueran todos—. Vuelve a responder con tristeza, vuelve a mirarme con una sonrisa, en sus mejillas se le hacen unos lindos hoyuelos—.¿Cómo me dijiste que te llamas?
—Alexander, Alexander Santana Toto —,respondo y ella termina soltando una sonora carcajada, no entiendo que le parece tan gracioso, las personas que pasan voltean en nuestra dirección y me causa un poco de pena.
—Lo siento pero es que —, se sostiene el estómago —,¿Toto?
Ahora entiendo que es lo que le causa gracia, no digo nada más y espero a que termine de reírse cuando quiera, total ¿Qué más da?
—De verdad me disculpo, pero es que por estos barrios no se escuchan esos apellidos —.Trata de mostrase seria cuando no mira ni una pizca de humor en mi. Aprieta los labios para detener la risa, de pronto sus ojos se les iluminan y se hace más grandes, me observa como si fuera alguna persona de suma importancia, lo soy pero creo que eso ella no lo sabe—, tu me puedes ayudar, por favor ayúdame, necesito que vengas conmigo.
Su expresión es de angustia, no había conocido a una persona que pudiera pasar rápidamente de un humor a otro. Pero por su forma de mirarme y de pedirme que la ayuda se que no tengo opción.