Capítulo 24

1584 Palabras
Un hilo de sudor recorría la frente de aquel hombre, sus músculos estaban tensos viéndose más grandes y las venas en su cuello y brazos resaltadas. Su intensa mirada oscura estaba perdida en aquella mujer que bajaba y subía su cabeza de forma lenta y placentera. —¡Uuff! Amy había imitado su postura, con sensualidad se colocó de rodillas sobre la cama se hizo el cabello aun lado y besó su abdomen dejando un rastro de saliva en el. Después, quedando con su rostro junto a su m*****o erecto se puso en cuatro, lo tomó en sus manos y lo llevó a su boca; chupó la punta y le gustó. Nunca lo había hecho pero si oído por boca de Marlene como hacerlo, así que era momento de ponerlo en práctica. Alexander de inmediato sufrió de forma placentera lo que la boca de Amy le hacía a su m*****o. Más cuando tenia la fenomenal vista de su cuerpo completamente desnudo frente a él, en esa posición hacía que su lindo trasero quedara en el aire, haciendo esa perfecta y delgada curva desde su espalda hasta llegar al comienzo de sus suaves y redondas nalgas, estiró su mano y apretó una de ellas. ¡Pero que ricura! Amy chupó una vez más la punta y con su lengua recorrió toda su extensión, una y otra vez. Con un poco más de confianza metió gran parte de su m*****o a la boca provocando que sus ojos se cristalizaran pero al escuchar los sonidos satisfactorios de Alexander, la incitaron a repetir esa acción. ¡Vamos Amy relaja! En su interior se echaba porras para poder llevarlo todo adentro; no pudo, tal vez con un poco más de práctica lo conseguiría. Siguió con sus atenciones, lamiendo y chupando todo la base para terminar en la punta y con sus labios hacer succión. —¡Amy!—Gruñó satisfactoriamente, sintió que en esa succión se le iba el alma, intentó apartar el cabello de su lindo rostro para seguir viendo como le daba atención pero no pudo; ella lo hizo una tercera vez y con más ímpetu, Alexander echó la cabeza hacia atrás, tenía unas intensas ganas de agarrarla del cabello y follarle esa bendita boca con fuerza para después terminar corriéndose dentro de ella. Pero no era el momento ya habría más tiempo para hacer eso y muchas otras cosas más que tenía en mente. —Amy mi amor, ven acá—. Susurró. —¿Lo estoy haciendo mal?—. Preguntó preocupada, limpiándose la comisura de sus labios. Alexander sonrió y con un movimiento ya estaba sobre ella. —Ese es el problema—, besó su cuello—,lo haces exquisitamente bien y temo decepcionarte cuando como adolescente precoz me corra en esta linda boca—. Besó su barbilla. —¡Aahm!—.Gimió al sentir la punta de su m*****o rozar su entrada—,y-yo no tengo ningún problema con que lo hagas—. Su voz salió desesperada, pues Alexander perdía entre sus pliegues la punta gruesa de su pene en forma de una caricia tortuosa. —Yo se que no pero…ahora mi prioridad es otra, es este sensual coño que tienes y del cual ansío perderme dentro de el. Amy sonrió y abrió más sus piernas, su corazón bombea muy rápido, su pecho bajaba y subía, y aunque tenía miedo pues era su primera experiencia, también ansiaba sentirlo en su interior. —¿Entonces que esperas? Sus manos fueron sujetadas por arriba de su cabeza, mientras que la otra mano libre del pelinegro acarició sus senos y los apretó ,bajó la caricia a su cintura y llegó hasta una de sus piernas donde apretó su carne. Besó sus labios de manera intensa y comenzó a entrar en ella, Amy intentó soltarse para aferrarse a su espalda; era una sensación nueva, extraña, e incomoda. Los músculos de Alexander se tensaron al sentir aquella estrechez; caliente y húmeda . Empujó un poco más hasta entrar por completo, la espalda de Amy se arqueó y ahogó un gemido al sentir como se rompía aquella barrera dando cabida a ser llenada por completo. ¡Ardor! Cerró los ojos con fuerza, sus manos fueron soltadas, no hubo movimiento y ella se encontró con la mirada incrédula de Alexander. —¿¡Amy tu!? —¡Sshh! Si, pero ahora ya no lo soy, no quiero perder el tiempo hablando Alexander solo quiero disfrutar—Lo besó para persuadirlo, ahora no quería dar explicaciones del porque era virgen o porque no se lo dijo, sentía que no tenía tiempo, no cuando el dolor en su pecho amenazaba con aumentar, pero no dejaría que echara a perder ese momento. Sus manos acariciaron su espalda y bajaron hasta sus glúteos firmes y de buen tamaño, sonrió contra su cuello y los apretó a su antojo, movió un poco sus caderas provocando que ambos gimieran y entonces la primera embestida llegó, sus uñas se enteraron en su espalda. —¿Estas bien? —Si, no te detengas, no te contengas, follame como tu quieras, te necesito, calma este fuego en mi interior que amenaza con devorarme. La siguiente embestida fue mas fuerte, Alexander la sujetó de la cintura mientras volvía a embestirla, entraba rápido y salía lento. —No solo tu lo sientes, me encantas y esta ganas que tengo de ti no creo poder calmarla nunca. El cuerpo de Amy se sacudía ante cada penetración, poco a poco toda incomodidad desapreció y se vio tentada a pedir más. —¡¡Alexander!! —¡Eso es!— . La voz varonil de Alexander cargada de excitación se escuchó en la habitación cuando sus movimientos de caderas aumentaron, los senos suaves y erectos de Amy subían y bajaban al ritmo de cada embestida, chupó con vehemencia las puntas rosadas, con su lengua jugó con una y después con la otra. Se deleitaba mirando como Amy se retorcía y gemía por lo alto bajo su cuerpo , una capa de sudor cubría toda su anatomía; se veía espectacular. Cambió de posición, subió ambas piernas a sus hombros, antes de entrar de nuevo en ella besó sus pantorrillas con cariño para después perderse en su interior con fuerza haciéndola gritar, lo sentía cada vez más profundo. Embestida Embestida Embestida Llevó sus dedos a ese botón rosado y frotó sin dejar de entrar en ella, la humedad era cada vez más intensa, Amy se aferraba a las sábanas, la imagen sudorosa de Alexander entrando y saliendo en ella la hacían temblar; era erótico. Bajó sus piernas y colocó cada brazo a un lado de ella y la besó con hambre, le devoró la boca y se tragó todos sus gemidos cargados de placer. Las manos inquietas de Amy recorrían, apretaban aquel fornido cuerpo sin reservas. Se miraron a los ojos sabedores que el momento estaba cerca, sus embestidas profundas y exquisitas se aceleraron, no tardó mucho tiempo en sentir el cuerpo de Amy sacudirse, pues sus dedos medio e índice volvieron a frotar su clítoris con rapidez. Besos hambrientos Embestidas demandantes Cuerpos tensos Y la bendita liberación. —¡Uff! Alexander se movía lentamente aún, besaba ahora sus labios lento y con adoración. Su espalda reposó sobre el colchón y atrajo a Amy hacia su pecho, depositando varios besos en su frente. —Eres lo mejor que me a pasado Amy, lo mejor—. Expresó recobrando un poco el aliento y dejando un beso más en su frente. La mujer depositó un beso en su pecho y se aferró más a su cuerpo, no respondió pero con ese gesto demostró que también sentía lo mismo. Un par de lágrimas silenciosas resbalaron por sus mejillas. No quería echar a perder la burbuja en la que estaban sumergidos pero después de ese orgasmo sensacional la opresión en el pecho se intensificó extendiéndose hacia el cuello , hombros y espalda. No quería morir, no lo quería, ahora que tenia al hombre que amaba a su lado, el amor con el que siempre habia soñado, justo ahora justo en este momento a vida se estaba empeñando a arrebatarle la felicidad . —¡Ahora vuelvo! Se levantó de la cama sin colocarse nada encima, escuchó Alexander hablarle pero lo ignoró y se encerró en el baño, con manos temblorosas abrió el grifo para humedecer su rostro, se miró en el espejo notándose demasiado pálida. —¡Dios!—. Se quejó llevando la mano a su pecho, visualizó una toalla acomodada en el mueble del baño y con ella envolvió su cuerpo. Tenía que ir al hospital —¿Amy estas bien?—La voz preocupada de Alexander se escuchó al otro lado de la puerta, las manos de Amy se sostuvieron con fuerza del lavabo, se sentía mareada. —¡Alexander!—,habló en un hilo de voz. —¡Amy si no abres voy a tumbar la puerta! —¡Alexander ayúdame!—. Expresó fuerte, no había terminado la frase cuando el estruendo se escuchó, la puerta se abrió bruscamente y Alexander entró rápidamente. —¿Amy mi amor que te pasa?—. La sostuvo en sus brazos mientras ella apretaba su pecho con fuerza y gruesas lágrimas escurrían por sus mejillas—. Amy háblame ¿dime que te sucede? —M-mi c-corazón Dos sencillas palabras pero con suma importancia, un sudor frío recorrió su espalda cuando Amy se desvaneció en sus brazos. —¡Amy! ¡Amy!¡Amy!
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