SARAH —¿Cómo sabes eso? ¿Me estás vigilando? Él se ríe entre dientes, una risa profunda que hace que mis pezones se conviertan en guijarros duros. —¿Por qué importa? Tú quieres que lo haga. —Yo no… —Veo que te gustan tus regalos. —Estás loco si piensas eso —consigo replicar. Él suena tan relajado mientras yo lucho por no mostrar ningún síntoma de mi excitación. Todos estaban locos de remate, y eso me ponía tan jodidamente cachonda. —¿Oh? ¿Lo estoy? —Él se ríe de nuevo—. ¿Me estás diciendo que no pensaste en el collar de diamantes alrededor de tu cuello, la lencería en tu cuerpo sexy, y las esposas atando tus manos mientras nos turnamos para follarte? Abro los labios para hablar, pero no salen palabras. —Lo viste, ¿verdad? Ronan en tu interior y Malachi en tu trasero mientras yo f

