CAPÍTULO XX —¿Estás listo?—le preguntó Vlad a su hermano antes de bajar del vehículo en el que viajaban. —Por supuesto que no— respondió de inmediato y sin dudar Dimir. —Ni modo ya estamos aquí —le digo como si nada Vlad. —Eres un imbécil, si esto no funciona seremos el hazmerreír de todo el mundo— sentenció Dimir. — Escucha, nada tiene por qué salir mal. Voy a entrar, espera a que te llame para que entres, ya sabes, ve directo con Natalia y no te despegues de ella, quita esa cara de seriedad y sonríe, no importa que no hables mucho, entendiste. —No soy idiota, Vlad— rezongó Dimir. Quien seguía pensando que aquello era una completa estupidez. Más que nervios, el joven sentía una sensación de humillación. Los jóvenes magnates más importantes del mundo, usando tretas infantiles para

