CAPÍTULO XI ZAPATILLA La cena transcurrió con armonía. Las únicas veces en que Luba se sentía así en confianza, era con su familia y ahora le pasaba lo mismo con la familia de Cristian. —Todo estuvo delicioso, gracias por invitarme—. Luba se despedía de la madre de Cristian. — Gracias, querida, esta es tu casa, puedes venir cuando gustes. —Vamos —ánimo Cristian—. Mamá, no vemos —se despidió de ella con un beso en la mejilla. —Pórtate bien —le dijo a Viola. Esta se encontraba sumergida en su celular que apenas y le ponía atención. —No es necesario que me lleves, puedo pedir un transporte— dijo Luba— ir y regresar te hará perder mucho tiempo. —Yo también tengo que ir a mi departamento —respondió él. —¿No vives aquí?—preguntó Luba. —No, desde hace mucho tiempo. —Tiene su depa de

