El pitido de la alarma llevaba sonando cerca de diez minutos, y yo aún seguía sin conseguir las fuerzas suficientes para poder apagarlo. Sin embargo, terminé haciendo el esfuerzo sobrenatural sólo porque aquél sonido repetitivo comenzaba a irritarme en sobremanera. Me senté sobre la cama, replanteando mi total existencia mientras observaba un punto fijo de la habitación. Lo primero que había logrado notar era que Rebecca ya no se encontraba en la habitación, lo cuál me resultó extraño, siendo que ella suele ser la que se despertaba más tarde de ambas. Lo segundo que había notado apenas al apenas despertar, era el hecho de que me encontraba exhausta. Las pocas horas de sueño- y el hecho de que no estaba acostumbrada a ese tipo de trasnoches- me habían pasado factura, y me encontraba sin

