Estaba segura de que Taylor me había preguntado algo, pero me encontraba demasiado ocupada en el fondo de mi cabeza pensando en los pequeños flashes de guerra de hace unos momentos. Podía asegurar incluso que aún sentía el peso de sus labios sobre los míos, y mi piel recordaba cada caricia suya como si me las hubiera tatuado encima. Sin embargo, no fue él quien me sacó de mis pensamientos, sino una gran pelirroja que se lanzó sobre mi como si no nos hubiéramos visto hace una década. Así es, claro que hablo de mi compañera de cuarto a la que había visto apenas un par de horas atrás. Estaba agradecida en mis adentros por encontrarla, debido a que no me seguiría sintiendo cómoda estando simplemente con Taylor, y sabía que Enzo tenía asignado el lugar de la barra por lo que seguramente se

