Me despertó el ruido de la lluvia golpeando el cristal de las ventanas, casi no había pegado ojo en toda la noche, y solo llevaba durmiendo una hora, desde que mi marido se había ido a trabajar, pensé mirando el reloj del móvil. Entonces desperté de golpe, al recordar toda la ropa tendida en el patio, que ya debía estar más que seca, pero ahora empezaría a mojarse. Aparté la ropa de cama, y pensé que aún podía salvarla, ya que estaban todos los uniformes de mi marido. A esas horas, nadie iba a estar mirando. Me dije, saliendo a recoger la ropa tan solo con la camiseta con la que dormía, y mis braguitas. Las gotas aún no habían mojado ni el suelo, ni la ropa, empecé a quitarla del tendedero, lanzándolas al cesto con prisa, notando como empezaba a llover más fuerte. Había colocado el cesto

