Miro por la ventana, me encanta ese momento en el que día empieza a disiparse, y se confunde, sin aun ser noche, deja de ser día. Vuelvo a mirar mi reloj de pulsera y sonrió al darme cuenta que ya puedo irme, recojo mi mesa y tras ponerme la chaqueta, voy hacia el ascensor, despidiéndome de todos como cada tarde. Me paro a hacer la compra como una autómata, luego vuelvo a casa, coloco lo que he comprado y voy a mi habitación, me desnudo y camino desnuda hacía en baño, entro en la ducha, cierro la mampara y dejo que el agua caliente, arrastre el cansancio, calentando mi piel, segundos antes de que empiece el ritual de enjabonarme, y solo entonces me permito pensar en ti, Ámor. Mientras mis manos enjabonan mi cuerpo, pienso en la de veces que me he repetido que no voy a volver a permitírte

