Esté eran los momentos de felicidad, los momentos que añoraba, aquellos dónde solo era un chico optimista, bromista, haciendo reír a su odiosa estrella antes, durante y después de disfrutar del manjar de su exquisito placer. Solo que esta vez todo fue al revés, mi odiosa estrella era la optimista, graciosa, que trataba de hacerme olvidar mi amargura y sin usar el sexo, simplemente me regalaba una parte de ella que nunca me permitió conocer. Y tenía razón, podría enamorarme de esta versión, de esta Charlotte confiada, tierna y dulce, que se me fue arrebatada incluso antes de conocerla. — ¿Por qué me miras tanto? No tengo nada entre mis dientes o estoy despeinada. ¿Me veo fea y no me has dicho? —Intenta levantarse a buscar un espejo y me río. — Estás bien, si te observo es porque me e

