Estoy algo nerviosa, convencí a Donna de traerme a la oficina y aunque lo dudo muchas veces y Armando casi nos deja sordas con su negativa, ya estábamos aquí; por alguna razón es el único lugar donde me puedo sentir yo misma, además del departamento. — No te preocupes, el personal te adora y te extraña, aunque no lo creas. — Se que solía ser una odiosa, exigente y ácida, hasta una bebida hay a mi nombre, por tanto, fastidiarles la vida. — Tú eres la prueba fehaciente que dice: no se sabe lo que tenemos hasta que lo perdemos — eso no me ayuda. Toma mis manos y me sonríe con su frescura. — Es verdad que eras exigente, odiosa y a veces dabas miedo, al igual que respeto, pero eres la reina, es parte del oficio y una vez te fuiste. Empezamos a ver que eras necesaria, que te extrañamos, y q

