Haru al abrir sus ojos se dio cuenta que ya no estaba en el reino de Syna junto con su familia, se encontraba de pie en medio de un salón con el techo descubierto, había un jardín que la rodeaba junto con cuatro salidas las cuales tres estaban cerradas y la única abierta llevaba a un pasillo que se veía bastante iluminado.
Unos pilares en mármol blanco sostenían aquella estructura donde se encontraba Haru, esta comenzó a caminar alrededor tocando todas las flores e inclinándose a olerlas. Luego de un largo rato caminando en círculos intentando abrir algunas de las puertas sin éxito, decidió caminar hasta aquel pasillo cuya puerta estaba abierta de par en par, al adentrarse en él se percató que a medida que caminaba las luces se iban haciendo más y más brillantes, hasta que logró llegar al final del pasillo donde había nuevamente una puerta cerrada.
- Debo estar soñando, esto es un laberinto — dijo Haru para si misma empujando un poco la puerta y dándose cuenta que la podía abrir.
Una vez empujó con fuerza, las puertas se abrieron de par en par chocándose contra las paredes y despertando la alerta de las personas que allí se encontraban reunidas.
Haru había abierto la puerta que llevaba al salón del trono de Caelus, allí todos se giraron a mirarla con ojos de confusión, ¿Qué hacia una chica interrumpiendo una reunión importante? Se preguntaron todos debido a la inocencia audacia de Haru.
- Disculpen, no quería interrumpir — pidió disculpas rápidamente y se dio vuelta para marcharse teniendo la manilla de la puerta en sus manos
- ¡Alto ahí! — escuchó como exclamaron desde el final del salón, probablemente desde el trono, era una voz femenina pero con una fuerza que inspiraba respeto
La chica se giró lentamente con algo de vergüenza y miedo para responder al llamado, y al poner su mirada en aquella dirección vio como una silueta femenina, muy esbelta bajaba los pequeños escalones que llevaban a aquel trono, gracias al ventanal que se encontraba detrás de este, Haru no pudo divisar la cara de esta persona debido al efecto contraluz que se generaba.
Poco a poco esta silueta se fue acercando hasta que Haru pudo verla muy cerca de ella. Una cara delgada, ojos claros parecidos a los de su padre, nariz fina, labios gruesos, un cabello ondulado cobrizo caía por sus hombros, también pudo observar aquella corona con un diamante delicado en el medio de la misma. Un vestido de color blanco, largo y ajustado que hacia notar aquella espectacular figura que se veía a través de la luz.
- Bienvenida a casa, Haru — le dijo en voz baja — Soy Alyssa, reina de Caelus, aunque tu puedes decirme tía Alyssa — manifestó estirando sus brazos en busca de un saludo
Haru seguía atónita ante la presencia de tan maravillosa mujer, que sintió como si un imán la atrajera hasta aquellos brazos que estaban esperándola, correspondiéndole el saludo a la reina.
- Disculpame tía Alyssa, no quería molestar — susurró en voz baja Haru algo apenada
- No te preocupes, te estaba esperando — Alyssa la calmó dándole una caricia en la mejilla
Haru respiró hondo y suspiró mirando a su alrededor
- Ven, siéntate conmigo mientras la sesión termina — dijo tomándole la mano esperando una respuesta para comenzar a caminar
La chica accedió y caminó junto a su tía hasta el trono, donde había una silla a la derecha disponible que Haru tomó para descansar un momento y observar lo que su tía hacía.
Basicamente había interrumpido aquellas reuniones donde el pueblo comentaba sus problemas, se hacían denuncias y esta debido a su responsabilidad estaba en su tarea resolver. Aunque a Haru le parecio algo sencillo ya que normalmente eran problemas triviales, para el reino era algo tedioso lidiar con esto y muy rara vez era la reina quien atendia aquellas solicitudes.
Luego de una larga sesión y todos los ciudadanos con denuncias y peticiones quedaron satisfechos, se levantó la reunión invitándolos a todos a abandonar el salón, no sin antes arrodillarse en despedida ante Alyssa la cual siempre pedia que se pusieran de pie ya que no aun no se acostumbraba a esto, haciéndola sentir algo abrumada por el hecho de llevar una corona y gobernar un reino.
Cuando la sala quedó totalmente vacia, quedándose nada más allí la guardia real, Alyssa y Haru, la reina se tomó el tiempo de comenzar a conocer a su sobrina.
- ¿Llegaste hace mucho? — preguntó Alyssa girándose en el trono y observando a su sobrina
- Pues merodee por el salón de las flores un rato — contestó contando su pequeño paseo
- De hecho, ¿cómo llegaste? — Alyssa estaba intrigada ya que nadie podía ingresar a esa parte del palacio en ese momento
- Tele transportación, supongo — respondió riéndose un poco
- Ya veo, simplemente apareciste en la mitad del salón cuando nadie podía entrar
- Así es, supongo que es un poder único del todopoderoso — dijo Haru intentando explicar lo sucedido
- ¿El fue el que te trajo? — preguntó nuevamente Alyssa algo intrigada con el método de llegada de Haru
- Sí, nos buscó en nuestro hogar, en Syna, para luego traerme acá
- ¿Cómo está mi hermano? — Alyssa preguntó
- Papá está bien, algo triste ya que no quería dejarme ir
- Ese Nero, su corazón es más grande que su cuerpo
Haru sonrió
- Vale, entonces bienvenida pequeña Haru aunque… no eres tan pequeña ya
- No — sonrió — ya estoy algo mayor
- Siéntete cómoda y bienvenida, en un rato me reuniré contigo ya que tengo asuntos que resolver — manifestó acariciándole la cara a la chica
- Muchas gracias tía Alyssa — respondió Haru con gratitud
Alyssa se levantó del trono y le susurró al oído a una de sus compañeras que ayudaran a Haru a guiarla hasta su habitación, la cual estaría en la torre donde se hospedaba la reina, así que rápidamente se levantó siguiendo a aquella chica que con mucho gusto la fue llevando hasta aquel lugar.
Una vez instalada en su habitación, abrió la ventana para observar el panorama. Tenía una vista perfecta y panorámica de todo Caelus, era asombroso este reino vieras por donde lo vieras, la gente estaba contenta, el comercio era tranquilo y todos se veían bastante alegres con sus vidas, pero Haru se caracterizaba por indagar más en los asuntos y querer averiguar las cosas por su propia mano y no por apariencias, así que salió de su habitación y bajó las escaleras hasta llegar nuevamente a aquel salón de flores, esta vez las puertas estaban abiertas y pasó por una de ellas la cual llevaba a la plaza central de Caelus.
Haru caminó un rato alrededor de la ciudad, topándose con muchas personas las cuales la saludaban con mucho cariño sin conocerla, se dirigió al mercado donde notó que en Caelus se comercializaban mucho las flores, allí recordó que su abuela era conocida como la Diosa de las flores, así que teniendo esa duda en la cabeza se dirigió a una de las tiendas.
- Muy buenas, disculpe señora — saludó con amabilidad inclinándose para hablarle de cerca a la anciana que allí estaba sin tocar las flores — ¿podría usted ayudarme con algo?
- ¡Muy buenas jovencita, claro que sí!
- Soy nueva en la ciudad y he notado que hay muchas flores por todos lados
- Sí querida, Caelus es un pueblo muy colorido gracias a sus flores y también porque rendimos tributo a la Diosa de las flores, la primera reina de Caelus
- ¡Oh! Una vez escuché hablar de ella — dijo Haru para que la señora siguiera contándole al respecto
- Todo lo que hayas escuchado, es verdad. Cirila fue una reina esplendida, al igual que su hijo Nero
Haru esbozó una sonrisa de orgullo mientras escuchaba.
- ¿Y qué tal es Caelus?
- Es un buen sitio para vivir, hay alegría, las personas son muy amables y ayudan a los que necesitan ayuda, estoy orgullosa de haber vivido en estos tiempos
- Con respecto a la guerra, ¿sabe algo de ello?
- Durante la guerra Nero nos protegió tanto como pudo, no quería que tocaran el reino de Caelus — seguía contando la anciana — Incluso se dice que gracias a él y la reina de Inférnum la guerra acabó — susurró en voz baja para Haru
- Entiendo, Caelus ha tenido buenos gobernantes a día de hoy
- Sí querida joven, ahora mismo estamos bajo el mandato de la reina Alyssa y no tengo dudas de que es como su hermano o incluso más bondadosa
La chica sonrió nuevamente ante los comentarios de la vendedora.
- Muchísimas gracias señora, aprecio que me haya regalado su tiempo para contarme más acerca de Caelus
- No hay de qué jovencita — respondió con gratitud — ¿Por qué no te llevas unas flores?
- ¡Oh! Es que no tengo dinero ahora mismo, lo siento mucho
- No te preocupes, tómalas como un regalo — dijo aquella señora tomando un par de flores y armando un ramo de ellas en cuestión de segundos
Haru no podía ocultar su felicidad y comenzó a buscar en los bolsillos de su vestido algo para darle a aquella vendedora en muestra de gratitud, encontrando en ellos una pequeña manilla de plata con un símbolo de un rayo que años atrás su padre le había regalado pero que ya no podía portar debido a que no le quedaba.
- Ten cariño, ponlas en agua y mantenlas frescas — comentó aquella señora entregándole las flores a Haru en sus manos — Caelus está bendecida por una magia que no permite que las flores se marchiten como normalmente lo hacen así podemos cuidarlas por más tiempo
- ¡Muchísimas gracias! — respondió agradeciéndole tal gesto — ¿Cómo es su nombre?
- Mi nombre es Fannia, pero todos acá en el mercado me conocen como Fanny, ¿y tú querida extranjera?
- Haru, un placer querida Fannia
- Haru, que lindo nombre. Por cierto, tienes unos ojos muy preciosos
- ¡Oh gracias! Son igual a los de mi padre me han dicho
- Sólo he visto a tres personas con ese color de ojos, que curioso
- ¿Sí? — preguntó Haru oliendo las flores que le había regalado Fannia
- Cirila, Nero y ahora tú, querida Haru
La chica sonrió una vez más y extendió su mano hasta donde se encontraba Fannia.
- En muestra de agradecimiento, tome esto en forma de pago — manifestó soltando aquel brazalete en las manos de Fannia
- Muchas gracias Haru, lo guardaré con mucho cariño — dijo aceptando el brazalete y guardándolo en el bolsillo de su delantal
- Hasta luego Fannia, es posible que siga viniendo a que me cuente más historias de Caelus — se despidió Haru alejándose poco a poco haciéndole una seña de despedida con la mano
Fannia le dedicó una pequeña sonrisa viendo como Haru se alejaba entre las personas. Una vez notó que se había ido por completo metió la mano en su bolsillo y sacó nuevamente el brazalete que se le había entregado, fijándose en el con detenimiento.
- Es el rayo de Nero — susurró para sí misma — ¿Quién es esta chica?
Haru caminaba entre la multitud camino al palacio de Alyssa para reunirse con ella nuevamente, no sin antes dejar aquellas hermosas flores en su habitación. La chica estaba contenta de haber llegado a un reino con personas tan buenas como las que estaba conociendo.