Volver a la rutina del ballet, después de lo que creí una eternidad, no fue tan fácil, y eso yo ya me lo había imaginado. Tengo el mismo ritmo de trabajo que tuve alguna vez en la Ópera de París; llegar a las 8 a.m. al estudio, y salir exhausta a las 6 p.m., con los pies ensangrentados. Y es que claro, estuve inactiva por mucho tiempo, se podría decir que mis pies estaban dormidos, y sobre esforzarlos de tal manera después de mucho tiempo de haber estado dormidos, colapsa a cualquiera. -Me temo que tendremos que ir solas a la gala de inauguración – dijo Brenda, con desanimo, mientras hacíamos unos ejercicios de calentamiento en la barra. -Sí, que lástima – dije, y es que nuestros chicos tienen partido mañana, noche en que será la esperada gala de inauguración de la compañía. De todas

