Paulo soltó un suspiro luego de recordar aquel día y escuchó un ruido a su espalda. En esa casa era común que aquellos sonidos se escucharan, pero de igual forma, sintió su corazón acelerarse porque no lo esperaba. Además, Francesco se veía inmerso en sus pensamientos también, entonces era imposible que fuera él. Lentamente volteó a revisar y pudo observar el cuerpo de Antonio frente a él. Con sus sentidos alerta, susurró el nombre de Francesco, para que también observara. — j***r… qué susto me has dado —murmuró, tocando su corazón. — Buenas noches, socios. Francesco abrió los ojos sorprendido y se inclinó un poco para observarlo fijamente. Mierda, no sabía cuánto tiempo llevaba ahí de pie y si había escuchado toda la conversación. — ¿Qué haces aquí? —Atinó a decir. — Lo

