Florencia, Italia. 1980. Era entrada la noche, cuando Paulo entró a aquel bar. Allí, habría una fiesta para todas las personas que quisieran ser parte de una de las familias más peligrosas de Italia. Los Chiesa. En esa fiesta, su padre había invitado unos cuantos amigos que, según lo que había escuchado, se habían encargado de comentarle a más personas cercanas y de confianza, para que fueran. No era algo formal, solamente para conocerse entre ellos y arreglar algunos negocios de más. Ese día, el italiano había ido solo. No tenía pareja, pero si algunas mujeres por todo el país. No quería tener algo serio en ese momento y se sentía complacido de que todavía no lo estuviesen molestando para que lo hiciera. De todas maneras, apenas tenía veinticuatro años. Su padre, Carlos, le esta

