— ¿A dónde se dirige? — Con las personas que acabaron de entrar —trató de sonar obvio. — Disculpe, pero no puede entrar. — j***r —se quejó—. Soy el hijo del señor Chiesa. Él compró el departamento del último piso. — Tendríamos que llamar y corroborar la información. Un hombre se acercó con rapidez y abrió los ojos mirando a Dante y luego a la mujer. — Déjalo pasar. — Pero- — Él siempre puede pasar cuando quiera —le miró al castaño y bajó un poco la cabeza—Lamento mucho el inconveniente que acaba de pasar. No volverá a suceder. — Gracias. El muchacho con rapidez se subió al ascensor y esperó que las otras personas que allí se encontraban, lo hicieran también. Él sabía que debía tener cuidado y mucho más después de todo ese problema. De reojo, miró a l

