— Tienes razón —limpió las lágrimas de sus mejillas y tocó el cuerpo de su trabajador—. Dijo que lo habían amenazado y por eso tenía que matarme. No le iba a hacer nada. — ¿Entonces? — Llegó Antonio y le disparó cuando iba a decirme quién lo había amenazado. Ciro apretó los labios y asintió. Si necesitaban una prueba, esa era. Definitivamente se trataba de ese hombre y de alguna forma se sentía aún más traicionado. — Tal vez intentó salvarte de tu trabajador —susurró, entendiendo lo que planeaba. — Eso pensé. — j***r, ni siquiera se esfuerza. — Tal vez no quiere hacerlo —Paulo frunció las cejas—. Tal vez quiere que todo esto pase para que no nos sintamos seguros ni siquiera en casa. — Entonces si es verdad… ¿por qué no nos han atacado? Paulo se encogió de

