Él no era así y visiblemente algo había sucedido con Alexander para que eso estuviese pasando. No era muy normal que un día él la estuviese ayudando con sus heridas y no sentirse tan mierda y luego, hiciera lo que le había hecho. El hombre con precaución comenzó a soltarla de cada una de las cadenas que estaban en sus extremidades y su cuerpo. Ella sintió como sus manos descansaban y agradecían por ese respiro de alivio que les había dado. Luego, de un solo golpe, cayó al suelo cuando estuvo completamente libre. Cuando estuvo por completo en el suelo, se estiró y escuchó como su espalda comenzó a crujir. Verdaderamente, el dolor que había sentido durante todo ese tiempo no era comparable a nada. Ella había pensado que la migraña que había tenido durante mucho tiempo en su vida era el

