Reino Unido
/Londres/
Adara
Los días habían pasado y yo me había mantenido trabajando con la Polímata, me la pasaba encerrada en una habitación subterránea donde tenía todo mi material para ubicar a las personas, incluido un arsenal entero y lleno de hermosas armas. Esa misma habitación conectaba con una cochera subterránea donde tenía acceso a cualquier vehículo que yo necesitara.
Eran las seis de la mañana cuándo salí vestida completamente de n***o. Subí a la moto totalmente negra igual que yo y me acomodé la mochila en la espalda donde traía el arma que necesitaría el día de hoy. Me monté en la moto y las puertas subterráneas se abrieron dejándome salir, recorrí todo el territorio de la mansión y salí a la calle cuándo uno de los hombres de seguridad me abrió el portón.
Recorrí las calles de Londres, me paseé libremente con escaso tráfico, además, con la moto podía pasar por donde quisiera. Cuando llegué al edificio abandonado estacioné la moto y con la mochila en la mano me dirigí al interior. El elevador estaba intacto, pero debido a que el edificio era viejo decidí subir las escaleras. Fueron doce pisos de escaleras hasta llegar a la azotea. Al principio, cuando quise abrir la puerta, esta se negó, pero ejercí fuerza abriéndola de una patada.
El sol ya estaba saliendo, en el piso había grava que crujía con mis pisadas debido a la pesadez de las botas negras militares que eran mis favoritas. Llegué al borde del edificio y me coloqué la gorra que cubría todo mi cabello para después ponerme el pasamontañas que solo dejaba al descubierto mi mirada.
Con tranquilidad abrí el cierre de la mochila del mismo color que mi atuendo y saqué las piezas del fusil de francotirador, uní todo dejando todo en su lugar y la preparé para apuntar al edificio frente a mí.
No era necesario usar binoculares para ver con claridad, mi vista estaba mucho más desarrollada con el pasar de los años y pude ver con exactitud todo el movimiento a través de las ventanas. En cuándo el sol llegó a la cima de edificio, las cortinas se abrieron dejando al descubierto al hombre que buscaba, y sí, ahí estaba otro de los médicos encargados de mí.
Andrés Lizarraga.
—Objetivo presente— informó la voz.
Vi perfectamente como una mujer (que no era su esposa) se acercó a él y lo besó con hambre. Por qué sí, ese infeliz estaba casado con una mujer sumisa que se escondía detrás de él con miedo de salir al mundo y enfrentarlo sola. Tenían dos hijos, los dos varones trabajaban en diferentes países y no estaban muy al tanto de su madre. Lo peor de todo era que ella lo sabía, sabía que él desgraciado la engañaba con cualquiera que tuviera falda y lo dejaba pasar.
Ese infeliz era un infiel mujeriego, y además, un asqueroso violador. Mi rastreo había sido exitoso, y pude comprobar las sospechas de que tenía un abusador frente a mí cuando más de dos veces intentó tocarme. La mayoría de las veces era cuando estaba inmovilizada para recibir las torturas, y es algo más que le agradezco a Diego por evitar que me violara todas esas veces.
Puse mi mira en él a través el francotirador cuando abrió la puerta y el hombre que estaba en recepción le entregó el papel que le había hecho llegar. Cuándo lo recibió cerró la puerta y rasgo el papel desdoblando la carta que había escrito con mi puño y letra.
No creas que porque estaba mayormente inconsciente no sentía tus asquerosas manos sobre mí, Lizarraga. Me aprendí tu rostro y tu nombre y lo tatué en mi mente hasta este momento.
Dejó caer la carta totalmente pálido y supe que había pensado en mí, no había más que yo en esa cabeza retorcida cuando entendió el mensaje.
La mujer, al ver el estado de su... asqueroso amante, se acercó a él con fingida preocupación, esa zorra sólo quería su dinero y vaya que lo estaba consiguiendo. Alzó la mano para tocarlo, pero ni tan siquiera pudo rozar su piel cuándo dejé escapar el tiro directo en su cuello creando un hoyo en él y un río de sangre.
Andrés no reaccionó, sólo miró a la mujer desangrarse sobre sus pies mientras la vida se iba de sus ojos.
Por perra.
Cuándo por fin reaccionó retrocedió, todavía un poco sorprendido por lo que miraba. Sin perder más el tiempo enfoqué mi mira en su cabeza, entre las cejas para ser exactos, y disparé, volandole los sesos y dejando muebles y paredes sucias de su asquerosa sangre.
—Andrés Lizarraga, eliminado— Escuché por el auricular.
Sonreí satisfecha viendo lo que había hecho. La pobre esposa me lo tenía que agradecer, le había quitado del camino a un cerdo degenerado y ahora todos sus millones pasarían a nombre de ella por ser la vida de Lizarraga.
Cuándo dejé de lado el francotirador mis alarmas se encendieron cuando dos figuras masculinas entraron a la habitación. Mis músculos se tensaron y mi corazón latió con fuerza cuando los ojos de Nate y Nick traspasaron el cristal roto del ventanal y me miraron directamente.
Con toda la velocidad que tenía deshice el arma dividendola en todas sus partes para posteriormente guardarla en la mochila y correr escaleras abajo cuándo los hombres salieron con una decisión en la mente. Sabía lo que harían. Para la OANS era sumamente importante que nadie ni nada se metiera en su trabajo, y sí alguien lo hacía tenían órdenes estrictas de capturarlo o matarlo.
Por nada del mundo podían saber quien era, afortunadamente conservaba el pasamontañas, la gorra la había guardado en la mochila.
Me paré abruptamente cuándo los vi escalones más abajo que los míos.
Son rápidos.
E inevitablemente sonreí, solíamos ser un buen equipo, por algo éramos el principal.
Dejé los sentimientos de lado cuando se acercaron a mí y recordé que no debía delatarme, así que corrí a la puerta frente a mí y avancé por todo el salón escuchando las pisadas de los dos.
—¡Alto!— gritó Nick y fue maravilloso escuchar su voz de nuevo.
No paré, al contrario, me apresuré para alejarme de ellos lo más lejos posible.
—¡Detente!— y ahí estaba la satisfacción de nuevo cuando escuché a Nate.
Tenía mucho tiempo sin ver ni escuchar a mis hermanos y ni tan siquiera podía detenerme frente a ellos, decirles que estaba viva, que los había extrañado mucho y que tenían un sobrino. Pero mis objetivos estaban claros y también la manera en que los iba a conseguir.
Solté una maldición cuando uno de ellos soltó una bala que pasó junto a mis piernas.
En el momento que llegué a una ventana, no lo dudé y salté terminando de quebrar el vidrio viejo. Caí sobre unas escaleras de fierro que estaban de fuera y salté de piso en piso cuando los dos me siguieron. Cuándo tuve mis pies en el suelo, corrí hasta la moto y me monté poniéndola en marcha.
Los dejé atrás y solté un suspiro que fue ahogado por el pasamontañas, y cuándo me lo quise quitar esa acción quedó en el olvido cuando una camioneta negra apareció detrás de mí.
—¡Maldición, chicos!
Esquive autos y me escurrí entre pequeños espacios que dejaban para alejarme lo más posible de ellos. Miré por los espejos y ahí seguían, insistentes en atraparme.
Cuándo llegué a un semáforo, este estaba en rojo, pero no me detuve cuando un camión pasó, al contrario, aceleré hasta dejar la moto al nivel del suelo y pasar por debajo de la gran caja del camión dejando a los chicos del otro lado en el auto. Vuelvo a mi posición inicial y acelero mirando de nuevo por los espejos, pero ya no están.
Equivocación. Porque cuándo giré en una esquina, no miré el auto que venía en sentido contrario, dicho auto, me atropelló con fuerza, y antes de que el impacto destrozara mi pierna derecha, me subí a él quebrando ligeramente el vidrio del parabrisas con mi bota. Rodé por el techo y caí de pie metros atrás cuando frenaron.
Me dolían las piernas y sentía un ardor en el antebrazo izquierdo. Pero ni pensé en el dolor cuando los dos se bajaron y se acercaron. Las personas que estaban ahí, mirando todo con curiosidad salieron corriendo cuando Nick levantó su arma hacia mí.
—Entrégate— exigió.
—Será mejor que vengas con nosotros por las buenas— le siguió Nate.
Enfoqué mi mirada en Nate y después en Nick, poniendo a trabajar a mi cerebro con velocidad. Y cuando tuve una idea, levanté las manos dejando claro que iría con ellos sin poner más resistencia.
Nate se acercó a mí con pasos sigilosos, mientras Nick seguía con el arma arriba y observando mis ojos con... confusión. Cuando estuvo cerca de mí, tomó mi brazo para ponerme una esposas especiales de la OANS, pero cuando alzó mi mano, lo que hice fue girarla y en un moviéndonos rápido se las puse a él, lo dejé de espaldas a mí y saqué de mi cadera una pistola para apuntarle a la cabeza.
—¡Déjalo!— Nick dio dos paso y yo enterré el cañón más para que no diera otro más.
No iba a herirlo, por lo menos no hasta el punto de matarlo. Sólo quería huir de ahí sin ellos detrás de mí.
Le hice una señal con la ojos para que dejara el arma, y así lo hizo, la dejó en el suelo y en eso, se escucharon las sirenas de las patrullas de la policía.
—Puedes venir con nosotros— dijo Nate, y sentí como mi pecho vibró.
—O puedes ir con los policías— completó Nick.
Negué, dando a entender que ni con uno ni con el otro iría. Yo me iba sola.
Con todo el pesar, pero con la mente clara, llevé mi arma a Nick y dejé escapar una bala que lo mandó al suelo cuándo llegó a su pierna. En ese momento, empujé a Nate por la espalda y cayó de rodillas ante Nick con las manos esposadas.
Esa fue mi señal para correr de nuevo, crucé callejones y en uno de ellos me deshice del pasamontañas, me quité la chamarra y la dejé en un bote de basura. Afortunadamente la mochila tenía dos caras, así que la volteé dejándola de color azul por fuera y el n***o por dentro acomodando todo lo que tenía.
Salí de nuevo a la calle un poco más tranquila para no llamar la atención y pasar desapercibida y llamé a un taxi que minutos después me dejó en el vecindario dónde vivía. Cuando entré los guardias me miraron extrañados por venir caminando y no en la moto que salí.
Entré por la cochera subterránea y me encerré en la habitación curando la herida que tenía, no era muy grave, pero me encargué de limpiarla para evitar una infección.
Me senté frente a mí computadora, tenía cosas que investigar.
—Bienvenida, Adara— me recibió la voz robótica.
—Localiza a Nate Patterson y Nick Miller.
—Localizando.
Me mostró como los dos entraban por las puertas de emergencia de un hotel, Nate ya no llevaba las esposas pero Nick no caminaba bien por la bala.
—¿Qué hacían aquí?— pregunté y enseguida todo cambió.
—La OANS los envió para exterminar a Andrés Lizarraga por violación. Fueron enviados desde las órdenes de la Sociedad del Poder, uno de los líderes para ser exactos.
—¿Venían solos?
—Sí. Pero conforman un equipo; el principal.
Fruncí el ceño sin entender, después de que Siria se fuera y yo "muriera" se supone que ese equipo se desintegró.
—¿Quiénes son parte de él?
La imagen cambia y me muestra el rostro de los ocho integrantes del equipo. Me entero que la organización cambió y adoptó otro sistema después de la traición de Siria. En el nuevo equipo está Nick, Nate, Ricardo, Brandon, Gabriela, Tiana y dos mujeres más, ente ellas Lisa.
Ellos son el equipo principal ahora.
Dejo escapar un suspiro ante la melancolía que me provoca todo esto y cierro los ojos con fuerza echando la cabeza hacia atrás para no dejar escapar una sola lágrima.
Todo cambió desde la la traición de Siria. Las cosas ya no fueron iguales y el mundo no se detuvo ante ninguna situación, al contrario, siguió girando, dejando pasar el tiempo y creando cosas nuevas. Entre ellas, el equipo al que yo pertenecí en su tiempo.