Capítulo 8

1734 Palabras
Reino Unido /Londres/ Adara —¿Por qué yo? Solté, totalmente confundida por la oferta inesperada de Iván. Y vaya que lo era, no es que todos los días te ofrecen ser líder de un clan mafioso, y no cualquiera, sino uno de los más importantes de la Sociedad del Poder. —Te diré la verdad— se inclinó sobre el escritorio y colocó las manos sobre este. Hace media hora estábamos de regreso a la mansión.—La Sociedad del Poder tendrá una transformación. Dicha transformación implica cambiar el sistema, actualizar reglas y, presentar un nuevo líder para cada clan. Es lo que demanda— hace una pausa mirándome con cuidado.—El líder mayoritario... Liam Trembley, se encarga de inspeccionar todo, para que quede en orden. Liam. Liam Trembley. Sí regreso sería volver a ese mundo. Si regreso sería volver a verlo. Si regreso sería volver a tener de frente a mis enemigos y cumplir mi venganza. Porque por muy que Liam me provoque una revolución en el corazón, ser la Líder de la Mafia Británica implicaría tener poder, influencias y más posibilidades de ver el mundo arder y poner a salvo a mi hijo. —Sí aceptas— la voz de Iván llamó mi atención.—Tendrás que firmar un documento donde aceptas y te comprometes con tu liderazgo. Y serías... marcada por la Sociedad del Poder. Sopeso sus palabras una y otra vez entendiendo todo el embrollo y poniendo a maquinar a mi cerebro. Definitivamente no tenía planeado esto, ¿convertirme en líder? Ni en mis pesadillas había ocurrido eso. —Pero no soy sangre de tu sangre— le menciono ese simple pero importante detalle. —Lo sé, ¿sabes lo mal visto que está que una mujer lidere?— sonrió con gracia.—Les dará un infarto cuándo te vean. —No me van a aceptar por el simple hecho de que no soy tu hija, hermana, sobrina o algo parecido. Y además...— guardo silencio como si lo que fuera a decir fuera un delito.—Soy mujer. —Lo sé— asintió, sin mostrar preocupación alguna.—No lo tomes a mal, pero sólo necesitamos la aprobación de una sola persona en esa sala. Me miró cómplice y yo me enderecé en mi lugar leyendo sus pensamientos. No podía estar hablando enserio... —Liam Trembley te aceptará— declaró y un escalofríos recorrió mi cuerpo.—Estoy seguro que estará encantado de saber que su dulce tormento está vivo. —¿Quieres que lo seduzca?— alcé una ceja. —No será necesario. En cuánto te vea dirá que sí sin importarle las reglas. Eres su excepción. Me quedé en silencio ordenando mis pensamientos que iban uno tras otro golpeando mi mente. Todavía no termino de creer que estaré dentro de esa Sociedad y no como pareja de un líder, sino como una líder. Lo admito, la idea me fascina porque sólo implica una cosa: poder. Y ahí estará él. El hombre que se obsesionó conmigo. El mismo que empecé a amar y solté por orgullo e inseguridades que una bruja me sembró. Me muevo incómoda en mi lugar sin saber que decir bajo la atenta mirada de Iván. La oferta es demasiada tentadora. Pero las consecuencias vienen tras ella y son más malas que buenas. Aunque pensándolo bien, tarde o temprano todos se enterarán que estoy viva. Pero en el fondo, la reacción que más me tiene ansiosa en la de Liam, ¿qué hará cuándo me vea? Algo me dice que he salido de su mente en todos estos años de "muerta". —¿Y bien?— alcé mi mirada y la centré en Iván. —Adara Atesh, ¿aceptas ser la Líder de mi clan?— sonrió cómplice como sí ya supiera la respuesta. Y la solté. —Acepto. (...) Canadá /Ottawa/ Había dejado a Derek en Reina Unido por su seguridad, no podía exponerlo. Exponer a qué Liam lo mirara o a que otras personas lo conocieran y surgieran problemas que no necesitaba en estos momentos. Insistió mucho. Era muy obstinado, Derek era de las personas que cuando se enojan no dicen nada, se queda callado pero sus expresiones lo delatan porque tensa los labios, relaja el rostro y los ojos dando una impresión de que te matará al primer descuido. Hablé con él en la mitad del vuelo, todavía estaba molesto pero se tranquilizó un poco cuándo le dije que no tardaría mucho. Además, Diego estaba con él y siempre se divertían junto con Estefania. Después de cuatro años, había vuelto a pisar territorio Canadiense. Cuando la puerta se Jet se abrió, Iván me dejó pasar primero, en cuánto bajé el primer escalón me detuve al ver seis camionetas del mafioso, todas estaban estacionadas en fila y frente a ellas estaban los hombres trajeados de n***o con sus armas en la cadera y las manos cruzadas en la espalda. Cada uno de ellos tenía lentes oscuros, ninguno se movía, hablaba o tenía alguna expresión facial. Simplemente estaban ahí, observando como bajaba los escalones con su jefe detrás de mí. —Mis hombres ahora son tus hombres— dijo Iván y me quité los lentes de sol.—Tú vas a disponer de todos ellos. —Espero no lo tomen a mal— sonreí. —Por supuesto que no. Ellos saben cuál es su lugar. Nos acercamos a ellos e Iván y yo nos vamos en el mismo auto con los demás siguiéndonos. Observo las calles de Ottawa recordando todo lo que había pasado con Liam cuándo estábamos juntos hasta mi huida de su casa un día después de nuestra boda. Por segunda vez en mi vida pongo un pie en el Linaje de la Sociedad del Poder, esa construcción tan antiguamente elegante y sofisticada que tenía décadas de existencia y que se encontraba intacta de cualquier ataque. Cuándo bajé del auto subí las escaleras y respiré hondo antes de poner un pie dentro de la enorme mansión propietaria de la Mafia. Bajé mi mirada al suelo para apreciar mi reflejo en el pulcro suelo de mármol, todo estaba tal cuál lo recordaba. Todo era extremadamente elegante y lujoso por donde le buscaras. No había ninguna imperfección en el nido de mafiosos. —Llegamos temprano— se acercó Iván. —Todavía no llegan los demás, así que vamos a hacer esto más interesante. Me pidió que lo siguiera entre los pasillos y así lo hice hasta entrar a una habitación por unas puertas dobles enormes de madera. Mis ojos se pasearon por el lugar observando la extensa mesa de madera con las sillas giratorias a su alrededor. Sonreí con nostalgia cuándo miré una sola silla en la cabeza de la mesa, y que evidentemente era la de Liam. Cuándo giré después de ver el lugar, miré a Iván frente a unas escaleras que no había visto. Me invitó con un gesto que subiera y así lo hice, subimos hasta el segundo piso con dos de sus hombres detrás y entramos a una habitación perfecta para descansar. —Te quedarás aquí— señaló él.—Ellos estarán junto a la puerta y te dirán cuándo bajar. —¿Harás de esto un drama?— reí y alcé una ceja. —Tú regreso será épico, bella Lilith. Se va dejándome sola en la habitación, doy vueltas mirando todo a mi alrededor hasta que me detengo en un espejo de cuerpo completo para verificar que mi atuendo esté bien y paso mis manos por el saco color n***o para quitar alguna arruga. Vestía un traje de dama color n***o con una camisa blanca de botones junto con unos zapatos de tacón de aguja del mismo color y el cabello recogido en una coleta alta que dejaba ver mi cuello. Tenía la vestimenta de un hombre trajeado pero en versión femenina. Me acerco a la ventana cuándo escucho como autos se estacionan e inevitablemente el pecho se me hunde cuando reconozco las camionetas de Liam. Me quedo ahí parada esperando a que se baje y cuando lo hace siento un pinchazo en el corazón al verlo de nuevo. La última vez que lo vi fue frente a mi tumba, era un Liam diferente al que miro. Está mucho más guapo que antes, lo noto más alto y más musculoso con ese traje que se adhiere perfectamente a su cuerpo. Y su rostro... tan tenso sin ninguna expresión, con la mandíbula apretada y sus ojos oscuros fríos. Observo como se acomoda el saco y como si sintiera el peso de una mirada, levanta la cabeza a mi ventana, por suerte me quito con rapidez antes de que me mire. Suelto un suspiro y me siento en el borde de la cama tratando que tranquilizar mis nervios. Ni tan siquiera soy capaz de imaginar todo lo que pasará en esa sala cuándo todos me vean bajar. Tengo claro a lo que he venido pero muy en el fondo y aunque no lo quiera aceptar, Liam es algo que me preocupa. Su reacción me tiene angustiada porque es impredecible y no sabré lo que cruce por su mente en cuánto me vea. Paso alrededor de media hora esperando, así que me permito explorar la habitación como si fuera mía revisando cajones y cajas que encuentro. Abren la puerta y por ella se asoma uno de los guardias. —Es hora. Me levanto sintiendo mi cuerpo liviano lleno de adrenalina, sonrío agradecida y salgo al pasillo siguiendo el mismo camino que recorrí cuándo entré. En cuándo llego a las escaleras doy un vistazo al silencio y tensión que hay en la mesa de abajo. Todos los pares de ojos están en en mí y por un instante choco con lo mirada de Liam. Todas las miradas sorprendidas de los mafiosos me observan, Iván me regala una amplia sonrisa asintiendo con la cabeza y en cuánto mis ojos conectan con los de Liam mi mundo se detiene. Soy testigo de cómo sus ojos se oscurecen más, como tensa la mandíbula a tal punto de enseñar una vena en su frente, su manzana de adán sube y baja y sus manos se hacen puños removiendo todo dentro de mí sintiendo como nueva la sensación que me provocó cuando lo tuve de frente aquella vez que me secuestró. —Les presento a Adara Atesh— informa Iván, haciendo una pausa.—Mi sucesora.
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