CENIZAS Y DIAMANTES El Despertar del Lobo La luz grisácea de la mañana en Chicago se filtraba por las pesadas cortinas de la suite del hotel Península, dibujando líneas de plata sobre las sábanas de seda revueltas. El aire en la habitación todavía conservaba el eco de una tormenta que no había sido meteorológica, sino carnal. Me desperté con una sensación de peso opresivo en el pecho, una presión que no provenía únicamente del brazo de Maximilian, que descansaba firme y posesivo sobre mi cintura, sino de la consciencia de lo que acababa de suceder. Era el peso de la realidad aplastando la fantasía de una noche. Me giré lentamente, conteniendo la respiración para no perturbar su sueño, y me dediqué a observarlo. En la penumbra dorada de la habitación, el "Lobo de Wall Street" parecía, p

