Capítulo 5

1599 Palabras
➽➽➽ RICCARDO ➽➽➽ Estaba en mi oficina, con varios exámenes a medio redactar sobre la mesa. La luz del flexo iluminaba las hojas, llenas de preguntas que harían sudar a más de un estudiante. Pasé una mano por mi cabello, concentrado en estructurar bien la evaluación. No quería preguntas demasiado sencillas, pero tampoco algo imposible. La idea era hacer que pensaran, que realmente analizaran los textos, no que memorizaran respuestas mecánicas. Mi teléfono vibró sobre el escritorio. No le presté atención de inmediato. Terminé de escribir la última pregunta de la sección y, solo entonces, lo tomé con una mano, desbloqueando la pantalla con un simple gesto. Mis ojos se deslizaron hasta la notificación. "Mr. Romano, tengo muchas dudas sobre el simbolismo... quizás podría explicármelo de una manera más intensa en privado?" Pestañeé. Leí el mensaje dos veces más, asegurándome de que no era producto de mi cansancio o una mala interpretación. No. Ahí estaba, claramente escrito. Y provenía de Miss Lombardi. Dejé el teléfono sobre la mesa, mi expresión imperturbable. No respondí de inmediato. En cambio, recargué la espalda en la silla, entrelazando los dedos frente a mí mientras observaba la pantalla. Era una línea atrevida. Bastante atrevida. Pero había un pequeño detalle. No sonaba como algo que Bianca Lombardi diría. Al menos, no la Bianca que había conocido hasta ahora. Tomé el teléfono de nuevo y, sin perder más tiempo, escribí una respuesta. "¿De qué manera más intensa, Miss Lombardi?" Lo envié y dejé el teléfono sobre el escritorio, regresando mi atención a los exámenes. Sabía que la respuesta no tardaría en llegar. Y no me equivoqué. El teléfono vibró nuevamente. Lo desbloqueé sin prisa, encontrando una serie de mensajes que parecían escritos con desesperación. "¡Fue un error!" "¡No quería enviar eso!" "¡Mi amiga tomó mi teléfono! ¡No lo lea!" Levanté una ceja, divertido por la reacción. Apoyé el codo en el escritorio y solté un suspiro silencioso. Tomé el teléfono y escribí con calma. "¿Entonces debería ignorarlo?" Pasaron unos segundos antes de que el doble check azul apareciera. No hubo respuesta inmediata. Luego: "¡Sí! ¡Ignórelo! ¡Por favor!" Cerré los ojos por un momento y apoyé el teléfono en la mesa. Podía imaginarme a Bianca en ese momento, seguramente con el rostro completamente rojo y luchando contra su propia vergüenza. Respiré hondo y decidí que no tenía sentido seguir con la conversación. No había necesidad de darle más vueltas. Escribí un último mensaje. "Entendido. Que tengas buena noche, Miss Lombardi." Dejé el teléfono boca abajo y continué trabajando. Lo último que necesitaba en ese momento era distraerme con los impulsos imprudentes de una estudiante... o peor aún, con la posibilidad de que algo más pudiera estar ocurriendo. Porque, si algo tenía claro, era que Bianca Lombardi despertaba curiosidad. Y la curiosidad, en ciertas circunstancias, podía ser peligrosa. ——- La mañana siguiente, el sol apenas asomaba en el horizonte cuando llegué a la universidad. Me gustaba estar temprano, antes de que los pasillos se llenaran de estudiantes ruidosos y conversaciones innecesarias. Atravesé el campus con la calma habitual y subí las escaleras hasta el aula donde impartía mis clases. Saqué la llave del bolsillo y abrí la puerta, sintiendo el silencio cómodo de una sala vacía. Caminé hacia el escritorio, dejé mi portafolio sobre la superficie y saqué algunos papeles que necesitaba para la clase. Mientras revisaba mi plan de estudio, escuché el sonido de pasos apresurados en el pasillo. No pasaron más de dos segundos cuando la puerta se abrió y una figura entró rápidamente. Miss Lombardi. No levantó la vista de inmediato. Su cabello oscuro caía ligeramente sobre su rostro mientras sostenía sus libros contra el pecho. —Llegué temprano... bien, eso es bueno. No quiero que nadie me vea entrando. Solo me siento en mi lugar y actúo normal. Sí, normal. Absolutamente normal. Nada ha pasado. Su voz era apenas un murmullo, pero el aula estaba en completo silencio. La observé en silencio, cruzando los brazos sobre el escritorio. —¿Hablar sola es parte de tu rutina diaria, Miss Lombardi? —pregunté con calma. Bianca se congeló en seco. Sus ojos se abrieron con horror y, lentamente, levantó la vista hacia mí. —Oh... mierda. Sonreí apenas. —Ese no es el lenguaje adecuado para el aula. Ella apretó los labios y desvió la mirada, claramente avergonzada. —No sabía que ya estaba aquí... —murmuró, apretando más sus libros contra su pecho. —Claramente —respondí, inclinándome levemente hacia adelante—. ¿Puedo preguntar de qué estabas hablando? —N-nada importante. Solo cosas sin sentido. —¿"Nada ha pasado"? ¿"Actuar normal"?" —repetí, levantando una ceja—. Suena como algo bastante interesante. Bianca cerró los ojos un segundo y tomó aire antes de soltarlo lentamente. —No es nada, solo... cosas mías. Asentí lentamente, sin dejar de observarla. —Bien. Si dices que no es nada... Ella asintió rápidamente y, sin decir más, caminó apresuradamente hasta su asiento en la primera fila. Se sentó y abrió su libreta con rapidez, como si quisiera desaparecer en ella. Me apoyé en el escritorio, tomé un bolígrafo y marqué algunos documentos mientras el aula comenzaba a llenarse con el resto de los estudiantes. Aún así, podía sentir los ojos de Bianca sobre mí. Cada vez que levantaba la mirada, la encontraba observándome, para luego apartar la vista de inmediato, como si temiera ser descubierta. Interesante. —Bien, iniciemos la clase —dije finalmente, levantándome de mi asiento. Me giré hacia el pizarrón y comencé a escribir el tema del día. "El simbolismo en la literatura." Pero aún podía sentir su atención sobre mí. Y lo sabía. Sabía que en su cabeza, Miss Lombardi no había olvidado el mensaje de anoche. Me giré hacia el aula, cruzando los brazos sobre el escritorio mientras recorría con la mirada a cada estudiante. —Bien. Ahora que hemos hablado sobre la importancia del simbolismo en la literatura, quiero que alguien me explique cómo un objeto común puede adquirir un significado simbólico dentro de una historia. El aula quedó en silencio por unos segundos. Esperé. Sabía que muchos estaban esperando que alguien más hablara primero. Y, como lo había anticipado, una mano tímida se levantó. Miss Lombardi. —Señorita Lombardi —dije, señalándola. Bianca asintió y se puso de pie con cierto nerviosismo. —Cuando un objeto se usa repetidamente dentro de una historia con una connotación específica, el lector lo asocia con un significado más profundo. Por ejemplo, en El Gran Gatsby, la luz verde en el muelle no es solo una luz, sino que representa los sueños y las aspiraciones de Gatsby —dijo con claridad. Asentí lentamente. —Buena respuesta, señorita Lombardi. Antes de que pudiera continuar con la clase, una carcajada sarcástica resonó en el aula. —Por supuesto que la nerd tenía que hablar —soltó Amelia Ferrari, recargándose en su silla con una sonrisa burlona. Algunos estudiantes se rieron entre dientes. Bianca se tensó, pero mantuvo la vista en su libreta. —¿Dijo algo, señorita Ferrari? —pregunté con frialdad, mirándola directamente. Amelia sonrió con falsa inocencia. —Nada, profesor. Solo que es curioso cómo algunos creen que saben tanto solo porque leen libros todo el día. Algunas risas más se escucharon en la sala. Dirigí mi mirada a Bianca. No se defendió. Solo se quedó en silencio, con la mandíbula apretada. —¿Sabe qué es lo curioso para mí, señorita Ferrari? —pregunté, manteniendo mi tono neutral. Amelia ladeó la cabeza con una sonrisa condescendiente. —Ilústreme, profesor. Dejé la tiza sobre el escritorio y caminé hasta quedar justo frente a ella. —Que aquellos que más se burlan de los demás suelen ser los que menos pueden responder cuando se les pregunta directamente. El aula quedó en un incómodo silencio. Amelia parpadeó. —Yo... —Así que, ya que parece tener tanto tiempo para los comentarios innecesarios, permítame darle una oportunidad de demostrar su conocimiento —dije, cruzándome de brazos—. Explíquenos usted entonces cómo un objeto puede adquirir un significado simbólico dentro de una historia. Amelia se removió en su asiento. —Eh... Bueno, yo... Esperé. Los segundos pasaron, y la expresión de Amelia comenzó a tensarse. —Parece que no tiene respuesta —dije con calma—. Lo que me lleva a mi siguiente pregunta... ¿se burla de la señorita Lombardi porque sabe más que usted? La expresión de Amelia se transformó en pura frustración. Bianca levantó la mirada con sorpresa, pero no dijo nada. —No creo que eso sea relevante... —murmuró Amelia, entre dientes. —Lo es cuando interrumpe mi clase para desacreditar a alguien que sí está haciendo el esfuerzo de aprender —respondí con frialdad. Amelia apretó los labios, fulminando a Bianca con la mirada antes de girarse con un susurro malhumorado. —Tch... —Señorita Ferrari, si vuelve a interrumpir con comentarios innecesarios, no tendrá que preocuparse por responder preguntas en clase. Se irá directamente con un reporte disciplinario —dije con firmeza. Ella me miró con enojo, pero no se atrevió a replicar. Volví mi mirada a Bianca. —Buena respuesta, señorita Lombardi. Puede sentarse. Bianca asintió y lo hizo en silencio. Vi cómo pasó una mano por su libreta, como si intentara calmarse. Algo en su expresión me dejó claro que no estaba acostumbrada a que alguien hablara por ella. Y, por alguna razón, saber eso me molestó más de lo que debería.
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