Olivia —Dios, Olivia, —jadeó cuando se separó del beso devorador, se separó un poco para mirarme a los ojos. —Estás mojada, muy mojada. —Tú has sido el culpable…—me incliné para besarlo, pero cuando sus dedos entraron y tocaron ese botón, me separé y gemí, gemí fuerte, se escuchó en la habitación, no me reconocí, un dedo, dos dedos y se detuvo, cuando lo miré me vio. —Estás muy estrecha…—susurró. — ¿Sí? —pregunté confundida, volvió a besarme pero retiró los dedos se centró en esa parte que me hizo gemir más, mordí su hombro para callar mi gruñido, mi pelvis cobró vida intentando acelerar más, quería fricción, quería esas sensaciones que me provocaba pero multiplicadas por mil, lancé mi cabeza hacia a atrás cuando aceleró, era brutal lo que se estaba acercando, su boca atrapó mi pezón

