Clark jaló el cabello de Lydia, provocando que lo mirara con cabeza agachada —Tal vez ella no descanse, tal vez yo no gané nada, pero algo ten por seguro, y es que ustedes jamás serán felices juntos. —Te odio, ¡Estás maldecido! —Sí, estoy maldito, pero tú también lo estás. Ya lo ves, no somos distintos, nuestros caminos siempre se cruzarán. Lydia manoteó, pero afirmó su agarre —¡Te odio! —gimió. George se acercó, pero Clark empuñó el arma en la nuca de la niña. —¡Felicidades, buen papá, eres un héroe, vas ganando dos de tres! —Ya para. Detente, Clark, quieres matarme, déjala ir, acabemos esto tú y yo. —Vamos, sube a la habitación. —¿Puedo ir al baño? —la voz de Lydia sonaba tan dudosa, George la miró con angustia. Clark parecía molesto, no quería, pero acepto. Ambos siguie

