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—Es un estúpido —hablaba con ella misma caminando ya más pausado y si se puede decir con algo de tranquilidad desde que se dio cuenta de que Fernando ya no la seguía. En ese momento estaba tan molesta que quería que desapareciera de su vista. Lleva como treinta cuarenta minutos de bajada. Lo peor de todo es que ya empezaba a darle un poco de miedo estar caminando sola por ese lugar porque no se encontró ninguna persona para pedirle alguna indicación y nadie detenía su automóvil para auxiliarla, eso la dejaba sin más opción que caminar derecho hasta encontrar la gaceta de al principio recuerda que pasaron en cuanto entro con Fernando en su carro — ¿y después de eso que vas a hacer? — ve a ambos lados por seguridad por alguna razón este centro comercial que estaba a punto de pasar había mucho ruido y luces de colores —¿después de que llegues a la casilla de seguridad que vas a hacer? Tampoco conoces esta ruta y quizás ningún carro por desconfianza te de un aventón hasta un lugar conocido —Sin pensarlo mucho se atrevió a entrar a ese local para pedir indicación. Paso un carro a paso rápido hacia abajo. Era muy parecido al carro de Fernando —claro que es su carro. Seguramente se fue a su casa — con más confianza paso el estacionamiento del establecimiento que ya estando más de cerca se dio cuenta de que es un animado bar y por el ruido la segunda planta parece ser la discoteca; la puerta está vigilada por un guardia de seguridad que se quedó dormido.
—disculpe. Señor —el hombre se acurruco más en su silla forzándola a moverlo varias veces por el hombro para despertarlo —lamento despertarlo. Pero necesito ayuda—
—¿Q-quien eres tú? —tartamudeo asustado.
Le sonrió para que sepa que no es nadie sospechosa —no soy cliente frecuente aquí. Vine con otra persona, pero él tuvo que irse de urgencia y me dejo, ¿me puede indicar cuanta falta para salir de aquí? —
El hombre se enderezo perezosamente tapando su boca por el repentino bostezo que tuvo. Luego de eso se levantó de su silla examinando a la chica, efectivamente; no era de por aquí y su cara no le es conocida — tienes que caminar veinte minutos más para abajo, si quiere puede llamar a la persona que la va a recoger para que tenga autorización para que suba hasta aquí, es peligroso que vaya sola a esta hora—
—gracias señor, pero no tengo a nadie para que venga a recogerme. ¿Sabe si hay carros que pasen por aquí que me dejen cerca del centro? —
—no vas a encontrar autobús que la dejen por allá señorita —negó con la cabeza sacando un encendedor de su bolsillo para su cigarro —esta zona ya de por si es privada; lo que si puede hacer es llamar a alguien que conozca la zona y la venga a recoger o pedirle la cola a alguno de los clientes de aquí—
— la persona que me trajo aquí tuvo que irse y No conozca a nadie de aquí señor— a su mente le vino llamar a Manuel y el la bombardearía de preguntas que no quiere contestar. Tampoco puede contar con el sinvergüenza de su jefe porque se fue en su carro. Sin querer empezó a dar vueltas pensando en alguna solución viera por donde viera no sabía cómo salir de ese lugar. No debió irse a las primeras de la cafetería sin saber en qué parte estaba metida y tuvo que haber tenido en cuenta la hora ¡todo es culpa de Fernando! ¡cada vez que lo tiene cerca todo empeora para ella!
—señorita, su teléfono está sonando—
Ni cuenta se dio que su teléfono tiene un minuto sonando. Es su mama, respiro profundo antes de contestar la llamada —halo mama—
—Laura, ¿por dónde vienes? Nunca habías llegado tarde sin avisarme, ¿vas a quedarte en casa de alguna de las chicas? —
—No mama, lo que pasa es que me quede hasta tarde en la empresa, y me acorde que debía comprarle un regalo Ashley, estoy caminando por varias tiendas buscando que puedo comprarle —mintió creíble, ni en broma le diría que estaba perdida, ella sin dudarlo llamaría a Manuel y es la última opción que tomaría.
—¡cierto! Ya falta un mes. Deja eso para otro día Laura y vente para la casa, confió en ti, pero recuerda que siempre hay personas con malas intenciones; uno nunca sabe hija—
—está bien mama, ya salgo para allá— colgó. —señor; por favor ¿no conoce a nadie que me acerque al centro? No puedo quedarme más tiempo aquí—
—lo siento niña. No puedo ayudarte a menos que esperes el trasporte del personal—los ojos de la chica se abrieron con ilusión cohibiendo al guardia por darle falsas esperanzas con lo que dijo —el transporte es a las cuatro de la mañana muchacha, lo siento. —
Se recostó en la pared cerrando los ojos angustiada. ¿ahora qué puede hacer? Ya le dijo a su madre que va de regreso a su casa y no puede esperar hasta las cuatro de la mañana por el transporte del personal. A menos que…
—señor, disculpe la molestia. ¿usted cree que haya alguna persona buena y sana que esté dispuesta a acercarme al centro? —
El hombre le dio la espalda sacando de su bolsillo las llaves de la puerta — Si quiere puede pasar y preguntar, quizás alguna persona pueda ayudarla—
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—No joven Fernando, no ha bajado a nadie—
Se colocó la mano en su cuello viendo a ambos lados fuera el auto. No se tardó más de veinte minutos en buscar el carro y no la vio de bajada; la única respuesta es que se haya ido a su casa, pero lo ve poco probable —vamos, no pudo haberse ido tan rápido —
—La única manera que se haya ido es que alguien la lleve en su auto joven castillo—
Él lo negaba en su mente; ellos no conocen a esa mujer; esa mujer es terca. Tanto… que la cree capaz de cruzar la pared para despistarlo y que él no la siguiera —tuvo que haberla visto; esta vestida de n***o y camisa blanca, tacones, pelo recogido en una pelota bien hecha y extremadamente atractiva—
Ambos guardias negaron con la descripción del joven. —Si la describí así joven castillo lo más seguro no es no la hayan dejado irse sola. —
—Muy cierto—apoyo el otro guardia— definitivamente no salió de allí; bueno. al menos pasando por la caseta de vigilancia donde se encuentran ellos.
Golpeo ligeramente el volante recostando la cabeza en el asiento —está bien. Gracias. Si llegan a saber algo de ella me avisan por favor— estos asintieron de acuerdo abriéndole el paso para que el continuará su camino a la carretera.
Se puede decir que manejaba intranquilo girando su cabeza en toda dirección con la esperanza de verla por algún lugar; manejaría hasta el centro y los alrededores de este pensando en algún lugar en el que ella pueda detenerse; o quien sabe; quizás el guardia tenga razón; quizás alguna persona la vio desamparada por allí y la dejo en el centro.
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El hombre le dio la espalda sacando de su bolsillo las llaves de la puerta para quitarle el seguro — Si quiere puede pasar y preguntar, quizás alguna persona pueda ayudarla—
—Gracias señor, eso espero también— entro con cautela al bar que no es como lo pensó; es un bar actualizado cubierto de luces color neón con muchas barras de licor siendo atendidas por bartenders, algunas partes en específico están cubiertas por juegos de mesa; era como una combinación de bar y juego de billar, algunas secciones son mesas agrupadas por grupos donde son atendidos por mesoneros.
Avanzo en el sitio un poco penosa.se siente fuera de lugar: todos están vestidos para una fiesta y para pasarla bien mientras que ella viste una falda negra de oficina, una blusa blanca cubierta por un blazer junto a unos zapatos de tacón alto color n***o.
Preparaba en su mente una manera de acercarse a alguna a una mujer del lugar teniendo en cuenta que la tomarían más en cuenta y se pondrían en su lugar. visualizo a una mujer joven sentada sola frente a las barras ¡ya está! esa sería su primera opción! —hola, disculpa. ¿tú sabes si alguno de por aquí podría darme la cola hasta el centro? —.
La mujer se voltea a verla no muy consciente, gira su cabeza a ambos lados entrecerrando los ojos —¿tú quién eres? Jajaja — ríe bobamente girando sobre su silla giratoria recostando su cabeza en la barra por el mareo.
Laura la ve perpleja. ¿Cuánto nivel de alcohol tendrá esta chica en la sangre? Ella siempre ha odiado a la gente que no se controla con la bebida. claro, no es que esté en contra de tomar alcohol, pero sabe el límite de su cuerpo y sabe cuándo parar.
—¿puedo ayudarla en algo? — se le acercó un hombre que seca una copa.
—si por favor —camino más adelante pasando a la chica ebria para no tenerla en medio de su conversación — no soy cliente frecuente de aquí y mi carro esta accidentado, ¿cree que alguno de aquí puede llevarme al centro y yo le pagaría? —
El hombre coloco la copa dentro de una caja sacando otra copa para hacer el mismo trabajo con esmero —puede ser señorita, pero algunos de aquí estarán ya ebrios y tomados, ¿ve esa mesa de por allá? —señalo a una mesa de billar de pelotas en donde hay reunidos diez personas —esos son los clientes que menos han tomado alcohol, pregunta allí—
Asentí con la cabeza de acuerdo con el bartender acercándome a aquella mesa —disculpé, buenas noches—
Varios de los hombres y mujeres voltearon a su dirección —buenas noches— contestaron todos en conjunto.
—hola, yo quería preguntarles si alguien puede hacerme el favor de acercarme al centro, mi carro esta accidentado y no conozco a nadie de aquí—
—¿es clienta de aquí? —pregunta una mujer que fumaba a un metro de la chica.
—no, vine con alguien de por aquí, pero él tuvo un inconveniente —
—ya ok. —respondió un hombre que se inclinó a darle un golpe con el palo a su pelota —¿Cómo se llama la persona con la que vino? —
—Fernando, Fernando castillo— apenas menciono su nombre noto que algunos ensancharon la mirada y algunos sonrieron perceptiblemente. Esto le da mala espina.
—yo puedo ayudarla— un hombre alto de buena musculatura echo su cigarrillo al pote de basura para acercarse a ella —soy Gustavo Rodríguez, ¿su nombre es? —
—Laura castillo, mucho gusto —le extendió la mano apretándola con la de el — no sé cuánto me cobre por este favor, pero le agradezco; llevo rato buscando a alguien que me lleve hasta allá—
—No se preocupe, una hermosa señorita como a usted es imposible negarle un favor—sonrió un poco el atractivo hombre. le dio un último trago a su cerveza devolviéndosela a un tipo al lado suyo—lo que si es que debemos apurar el paso por que el carro lo tengo en el estacionamiento de abajo —
—por supuesto. Yo lo sigo— sigue a el hombre fuera del local. Se despido del bartender que le indico la mesa y también del guardia que no sabe si la haya visto por qué estaba semidormido en su lugar. El camino al estacionamiento es silencioso y le incomodaba un poco —usted… ¿desde cuando es cliente de este lugar? No quiero sonar extraña, pero es primera vez que escucho de este lugar—
—¿enserio? —murmuro sin darle la espalda —mis padres siempre compran aquí, dicen que es más seguro hacer cualquier compra. Creo que ya se hizo costumbre. Ya sabe. Por la seguridad y la privacidad—
¡Cierto! Todos los de este lugar son de familia acomodada. Le dio casi la misma explicación que le dio Fernando. —cierto, eso me han dicho—
—cualquier cosa que necesite estoy a su orden —se ofreció caballeroso y pícaro adelantándose hasta su carro para abrirle la puerta. Esta gustosa se subió sin percatarse las miradas para nada decentes que le daba el hombre hasta que se subió en el carro prendiendo el motor para poner a andar el carro.
—su carro es muy bonito. Es un… ¿Qué tipo de carro es? —pregunto, sinceramente está aprendiendo de las marcas de carros, pero aun así le cuesta diferenciarlos.
—Es un Porch bonita —completo con gracia ya manejando el carro hacia la salida.
—un Porch ¡muy cierto! —sonrió apenada. Trabaja en una empresa de carros al menos debería saber cuáles son los carros de lujos actuales.
—buenas noches joven Gustavo— le saludaron los de seguridad empezando a subir la reja de seguridad, uno de los guardias enfoco la vista en el interior del auto siendo notado en el acto por el conductor.
—¿se le perdió algo? —pregunto con una mirada de repudio al guardia que con algo de pena se enderezo en su puesto.
—no, nada. discúlpeme—se dio la vuelta entrando de nuevo al cuarto de vigilancia.
—Pareciera que si entrometido— apenas se abrió la reja salió de allí resoplando un poco molesto. Le sonrió a la chica —lamento haber hecho esta escena, es solo... es solo que no tolero a la gente muerta de hambre— se despeino un poco sacando de una pequeña gaveta de su carro una pequeña botella.
—tranquilo —sonrió como pudo girando su cabeza hacia el camino. De repente el ambiente se siente incómodo, este hombre no es tan respetuoso como pensó.
El hombre un poco más alegre conduce más seguro en la carretera acomodando el espejo retrovisor inclinándolo más hacia abajo dejándole una buena vista de las torneadas piernas de las chicas. Se relame los labios suspirando suave.
Conoce a Fernando desde hace siete años y sabe lo patán que es con las mujeres-, siempre se repetía; invitaba a las mujeres a divertirse un poco con él, las usaba un poco y en casos extremos las dejaba en pleno club deshaciéndose de ellas por lo intensas que se ponen.
No conoce el desenlace que tiene el con esta; pero parece ser que esta le cambio la situación a Fernando pegándole en todo su orgullo ¡pues la chica sí que era toda una preciosura! Definitivamente tiene que ser suya esta noche.